Reyes Magos


Carbón

Pablito era el niño más malo del pueblo y casi, casi, de toda la comarca. Aunque sus padres habían probado enderezarlo de todas las formas imaginables, nada parecía funcionar con él. Así que Pablito, cada año, al llegar el día de Reyes el único regalo que conseguía era un enorme y mugriento saco de carbón, un saco cada año más grande.

Sin embargo, Pablito sonreía de oreja a oreja y se volvía aún más malo si cabe porque, con todo ese carbón, el niño sabía que su familia podría pasar otro invierno sin morir helados.









Descubrimiento

La noche que Marianita descubrió a sus padres y a su abuela colocando los regalos de Reyes, se llevó la mayor sorpresa de su vida.

Cuando volvió al colegio tras las vacaciones, a la niña le faltó tiempo para contar a todos sus amiguitos que esas historias sobre Melchor, Gaspar y Baltasar eran mentira, que lo sabía de muy buena tinta porque ella había visto con sus propios ojos que los Reyes Magos de verdad eran nada más y nada menos que su papá, su mamá y su abuela Mariana, aprovechando para recomendarles que se portaran muy bien con ella si es que querían recibir sus regalos el próximo año.






Carta


Queridos Reyes Magos:

Este año he sido muy pero que muy buena. He sacado muy buenas notas en todas las asignaturas, me he portado bien en clase, he obedecido a los mayores sin protestar ni enfadarme, he ayudado en las tareas de casa y hasta he hecho los deberes sin quejarme (y eso que esta profe pone muchísimos). He sido tan buena que hasta he ayudado a cuidar a mi hermano pequeño y me he aguantado las ganas de molestar a mi hermana mayor. He visitado a mis abuelitos y he soportado sin decir nada los pellizcos en las mejillas de mi tía María, su olor a tabaco y los ruidosos besos de mi tía Imelda.

Vamos, que este año me merezo que me traigáis todo lo que os pida porque ese es el contrato ¿no? Yo me porto muy bien y vosotros me traéis los regalos que quiera. No os preocupéis porque mi lista no va a ser muy grande, la verdad es que lo único que quiero son las cabezas de Jaime y Daniel, los dos matones que llevan haciéndome la vida imposible en el cole desde hace dos años. Nada más, queridos Reyes, ni muñecas ni juguetes, sólo sus cabezas. Ah y que tengan cara de haber sufrido muchísimo antes de morir.

Si me traéis lo que os pido prometo seguir siendo tan buena como hasta ahora o incluso más.

Me despido de vosotros hasta el próximo año.

Un beso:

Carlota


Tras leer tan sorprendente carta, Gaspar, Melchor y Baltasar se miraron unos a otros con caras de pavorosa sorpresa. No era habitual que les hicieran este tipo de peticiones. Tras la sorpresa inicial, los Reyes Magos se encogieron de hombros y fueron a preparar sus espadas para cumplir la extraña petición. A fin de cuentas eran unos profesionales y un contrato era un contrato.





Perdidos

Lo que los Reyes Magos jamás han confesado ni confesarán jamás es que, en realidad, llegaron al portal de Belén de pura chiripa. En realidad los supuestos sabios iban hacia otro lugar pero se perdieron y, hombres al fin y al cabo, ninguno de los tres quiso preguntar el camino así que, al ver una estrella que parecía dirigirse a algún sitio decidieron seguirla por ver donde los llevaba pensando que, quizás, de esa forma podrían recuperar su camino. Y así ocurrió pero no sin antes verse envueltos en una historia que ni les iba ni les venía y, orgullosos hasta el final, prefirieron contar la mentira de que venían buscando al Mesías en lugar de confesar que, simplemente, se habían perdido.








Mentiras

-Un año de estos deberíamos contar la verdad- dice Baltasar mientras se quita el turbante.

-Cierto, los tiempos han cambiado mucho, ahora podríamos decirla sin problema- comenta Gaspar quitándose la túnica.

-Sabéis que en el fondo estoy de acuerdo con vosotros pero, después de tantos siglos de mentira es muy difícil contar de repente la verdad- argumenta Melchor quitándose la barba postiza- A ver cómo les explica a los mortales que, en realidad, somos mujeres.





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