miércoles, 9 de febrero de 2011

Inspiración

Arístides Pavor era incapaz de escribir algo que no fueran historias de terror. No es que no quisiera o que careciera del talento necesario para dedicarse a otro tipo de literatura, es que no podía. Como había dicho en más de una entrevista, Arístides sería feliz escribiendo humor o ciencia ficción o cualquier cosa que no tuviera que ver con el terror pero... no podía.


Cuando le preguntaban de dónde sacaba sus macabras ideas, Arístides siempre hablaba de demonios interiores, del mal que cada ser humano alberga en su alma y cualquier otra llamativa tontería pseudosicológica o pseudofilosófica y hasta alguna pseudoteológica, pero jamás había contado la verdad de la fuente de su inspiración.


Nadie le creería si contara que él no había inventado ese infierno doméstico que aparecía en sus novelas o que el terrorífico demonio devorador de almas y cuerpos no era un mero producto de su fantasía. Le tomarían por loco si contara que conocía de primera mano cada tortura sufrida por los protagonistas de sus historias, cada dolor, cada terror, cada sufrimiento.


Nadie, absolutamente nadie, iba a creer que ese horror formaba parte de su vida cotidiana y que, cada noche, al volver a casa, Arístides Pavor debía sufrir torturas y horrores sin fin a cambio de escuchar, de boca de los mismos demonios que lo atormentaban, las escalofriantes historias que lo habían convertido en el autor de terror más leído de la historia.



Aquí abajo dejo un genial vídeo del genial Hugh Laurie (o, si lo prefieren, el genial Dr. House) lo que tenemos que hacer para cambiar el mundo ;)




Imágenes obtenidas de Feebleminds