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Mostrando entradas de noviembre, 2010

Nube

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Este relato, en principio, lo hice pensando en un concurso pero se me ha quedado corto de extensión así que mejor lo dejo aquí, ya veré si se me ocurre algo más para el concurso ese :)


Sobre cada populosa ciudad, sobre cada pequeño pueblo, sobre cualquier lugar del planeta donde se reúna un cierto número de seres humanos flota una invisible nube de pensamientos, sentimientos y emociones. Y aquella ciudad, por supuesto, no era ninguna excepción.
Sobre ella nadaban densos nimbos de odio, oscuros cúmulos de tristeza, brillantes cirros de pura felicidad, grandes estratos de esperanza. Los pensamientos volaban como pájaros en el cielo azul. Los de la joven embarazada sobre su futuro hijo, los de los novios ilusionados en su próxima boda, los de unos niños planeando travesuras, la nostalgia de los ancianos,los del hombre que acaba de conseguir un nuevo empleo, la esperanza de los desesperados, los recuerdos de los melacónlicos, la felicidad de los bendecidos por la suerte, el dolor de los enf…

La montaña

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Desde hacía milenios, allí, justo allí, ni un metro más allá ni un metro más acá, se alzaba una inmensa montaña. La montaña más alta de aquel país, la montaña más fotografiada, visitada y escalada de todas las montañas fotografiadas, visitadas y escaladas de aquella nación.
Cierto día, al pie de aquella famosa montaña, se instalaron unos curiosos monjes de no se sabía qué exótico y lejano país. Unos monjes de esos que pasan horas meditando y haciendo cosas graciosas con un sonajero en la mano y otras cosas imposibles con sus cuerpos. Y la montaña, claro, siguió allí, justo donde siempre había estado. El único cambio que produjo la instalación del monasterio fue un ligero aumento en el número de turistas que ahora, aparte de la montaña, tenían el singular atractivo de los pacíficos monjes.
Los sonrientes monjes pasaban el día arando, limpiando, cuidando sus jardines, practicando sus acrobáticas luchas y siendo amables y hospitalarios con los turistas, escaladores, buscadores de experien…

Identidad

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Ernesto no le dio mucha importancia a la pérdida de un par de minutos al día. Luego pasaron a ser dos o tres horas diarias y empezó a preocuparse, pero no lo suficiente. Pasado un tiempo las pérdidas aumentaron a varios días y entonces quiso investigar por dónde y h acia dónde se le estaba escapando el tiempo. Cuando pasó a perder semanas, la preocupación se volvió terror. El día que descubrió que ese tiempo que él creía perder era vivido por otro, el terror se volvió rabia y frustración.

“El otro”, como él lo llamó, había decidido escribir un diario y dejarlo donde Ernesto pudiera encontrarlo con la idea de que saber qué ocurría con su tiempo perdido le seriviría de consuelo. Pero el efecto que tuvo en Ernesto, siempre posesivo y celoso de lo suyo fue justamente el opuesto. Sin lugar a dudas la vida de “el otro” era mucho más intensa, interesante y feliz que la suya pero eso no justificaba el robo de su tiempo, pensó Ernesto. Esos minutos, días y años eran suyos y nadie tenía derech…

Dulce adolescencia

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Odia su peso excesivo.
Odia sus ridículas gafas.
Odia su pelo fosco.
Odia su pálida cara.
Odia su vida triste y absurda.
Odia su timidez.
Odia ser ella y odia odiarse.
Odia y teme el instituto y a sus compañeros y a cualquier extraño que la mire más de dos segundos seguidos.
Anda siempre deprisa, la cabeza inclinada hacia el suelo, el cabello ocultando su rostro como un muro por donde intentar ver sin ser vista. La carpeta pegada a su pecho como un escudo. Los ojos fijos en el trozo de suelo que queda justo ante sus pies para no darse por enterada de quién pasa a su lado. Apenas levanta la cabeza lo necesario para echar un vistazo rápido a su a alrededor y evitar tropiezos o atropellos.
Odia andar así, odia esconderse pero aún odia más sus miradas, sus sonrisas condescendientes y, sobre todo, sus insultos. Gorda le dicen, hipopótamo, vaca, mira que eres fea, le dicen. Y a ella le gustaría ser capaz de encogerse hasta desaparecer, ser invisible, no existir y, por encima de todo, le gustaría no …