Contacto


La gigantesca nave alienígena flota sobre la urbe. La ciudad ha paralizado toda su actividad. A lo largo y ancho del planeta se encienden los monitores de televisión mientras familias y amigos se reúnen en torno a ellos. Algunos, más curiosos, intentan aproximarse al lugar en el que se producirá, por fin, el encuentro, pero la seguridad no había dejado el menor resquicio por el cual colarse.


Los minutos parecen alargarse mientras todo un mundo aguarda expectante el primer contacto con miembros de una civilización de un planeta lejano y desconocido.


Un destello aparece en el vientre del oscuro coloso que flota sobre la metrópoli. Una pequeña nave desciende velozmente hasta posarse en la explanada elegida como improvisado astropuerto.


La puerta se abre y los alienígenas comienzan a descender. Los presentes en el acto de bienvenida reprimen -a duras penas- una exclamación de repugnancia ante el aspecto de los recién llegados. Exclamación que se extiende sin represión por las gargantas de cada uno de los habitantes del planeta que contemplan la escena desde sus casas.


Esos seres serían muy civilizados e inteligentes pero su aspecto resultaba repulsivo. De cuerpos alargados y estrechos, andan sobre unos delgados apéndices tubulares mientras utilizan una especie de tentáculos superiores para manipular objetos. En la parte superior, el cuerpo se estrecha en el lugar donde, al parecer, tienen gran parte de sus órganos sensores. Dos pequeños ojos, una curiosa protuberancia por la que parecen respirar, una hendidura que utilizan para emitir sonidos... Unas extrañas protuberancias a ambos lados parecen ser el medio para recibir sonidos.


Son, en fin, unas criaturas horribles y todo el planeta se estremece ante su visión. Pero, sea como sea, es el primer contacto alienígena y, por tanto, un hito histórico.


El líder del planeta se acerca con renuencia hacia quien parece dirigir a los alienígenas. Haciendo de tripas corazón, alarga su tentáculo recubierto de hermoso vello violáceo y hace el ritual saludo utilizado desde hace milenios para recibir a visitantes de gran importancia. Y, usando un suave y profundo retumbar de sus membranas orales, da la bienvenida a estos extraños que se llaman a sí mismos seres humanos.




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