jueves, 8 de julio de 2010

Estío (o la queja de cada año)

¡Qué hastío de estío! Con este calor que aplana, con este bochorno que aplasta las ganas de salir, de pasear, de trabajar, de hablar, de... todo.


¡Qué hastío el estío! Con este sol que abrasa y te dejas las neuronas asaditas, asaditas y completamente inservibles.


¡Qué hastío este estío! Con su calor, su sol, sus verbenas, sus polos, sus helados, su gazpacho, sus playas, sus piscinas, su canción del verano y su ropa ligerita. Sin olvidarnos de sus bikinis, su operación ídem, sus top-less, sus noticias sobre sanfermines y las tomatinas y el toro de la Vega y... bueno, con sus encierros varios y sus fiestas populares a tutiplén; con lucimiento de chichas sin complejos, con sus pieles quemadas hasta tomar el precioso tono rojo guiri o el maravilloso moreno acartonado/cuero viejo de los que pasan el año tomando el sol o los rayos uva, lo que se tercie.


Con sus terrazas, sus niños de vacaciones, sus obreros a un paso de la insolación, sus cocineros asados en sus propios jugos, sus ensaladas, sus tintos de verano, sus cervecitas bien fresquitas, su olor a humanidad, sus aires acondicionados a toda potencia que, oiga, ya se sabe que, en casita, en verano hay que andar con chaquetita y en invierno, en camiseta, que es lo normal ¿verdá usté?


¡Qué galbana da el verano! Con sus olas de calor, su aire africano, sus consejos para protegerse del sol y el bochorno y el ardor -el ser humano debe ser el animal más tonto de la tierra si, a estas alturas, aún hay que explicar las cosas que hasta un mandril conoce por puro instinto de supervivencia-, sus operaciones salida, sus problemas en los aeropuertos, sus accidentes automovolísticos, sus crisis post-vacacionales, sus rebajas, su mala programación televi... bueno, no, que eso es todo el año.


¡Ya llegó el estío, qué tío! Con sus incendios forestales, sus pirómanos, sus hosteleros quejándose de la poca gente que hay este año, sus turistas con sandalias, calcetines y cámara al hombro. Con las obras de todos los años, los comercios cerrados en agosto, las gafas de sol, las cremas protectoras, las familias en la playa -papá, mamá, abuelos, niños, un par de tíos, sombrilla, sillas, neveras, cubos, palas, perro, gato y dos loros-, sus bocatas con arena y su búsqueda del sitio perdido en la playa abarrotada.


Ya llegó la canícula, como tiene que ser, con sus paellas, sus chiringuitos, sus ensaladillas, sus salmonelas, sus barbacoas, sus macro discotecas, sus borrachos, sus ligues y, a veces, sus amores y desamores. Sus tormentas de verano, sus tormentas tropicales, sus huracanes y su anticiclón de las Azores.


¡Qué hastío de estío! Ya no hay quien nos libre. Hasta septiembre se queda, de aquí no se mueve.


Que lo disfruten quienes lo adoran.


Que lo llevemos con paciencia quienes no lo apreciamos tanto.


¡Qué hastío el estío! Ufffff.... ¿Alguien quiere un abanico?