Preguntas


¿Dónde?


El viejo, viejo capitán recorre el puerto lentamente.


Tap... tap... tap... cojea y renquea avanzando con esfuerzo por los muelles.



El viejo, viejo capitán otea el horizonte con su vieja, vieja mirada.



Tap... tap... tap... continua su lento avance por la dársena.



El viejo, viejo capitán se detiene frente a cada barco, lo observa con detenimiento, se frota su blanca barba, niega cabizbajo y retoma su camino preguntándose en susurros:

¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?


Tap... tap... tap... el golpeteo del bastón y el romper de olas acompañan al capitán en su exploración.



Una por una examina cada embarcación, las grandes, las pequeñas, las medianas... Los barcos pesqueros, los buques mercantes, las naves llenas de turistas... Y, tras mirarlos un rato, se frota la blanca cabeza, niega lentamente y continua hacia el próximo mientras se pregunta:



¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?


Ha perdido la cuenta de los días pasados, de los años vividos y de los puertos visitados. No podría decir a cuántos marineros ha preguntado ni en cuántos barcos ha navegado. A estas alturas de su vida todo se ha vuelto nebuloso y confuso.



Tan sólo una cosa refulge claramente en su mente:


¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?


El viejo, viejo capitán se sienta a descansar sobre un oxidado noray, sus huesos ya no soportan la humedad y el frío como antes. Sin darse cuenta los años se le han ido en esta búsqueda, la piel se le ha arrugado, los ojos se le han ido apagando, la esperanza se ha ido diluyendo, la vida se le escapa.


Pese a todo el viejo, viejo capitán continua buscando y preguntando:


¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?


¿Dónde atraqué mi barco, dónde?


¿Dónde dejé a mi tripulación, dónde?



¿En qué puerto los perdí?


¿En qué mar, en qué país?


¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?



¿Por qué?


No sé por qué me pregunta cuándo comenzó todo, a mí no me interesa el cuándo.


Yo ya sé cuándo.


Lo que ahora quiero saber es por qué. ¿Podrá usted responderme a eso?


Pero si tanto interés tiene en el cuando, se lo diré: todo comenzó hace un par de semanas.


Una mañana de domingo, más concretamente.


Era una mañana -aparentemente- normal.


El despertador sonó como siempre.


Lo apagué de un manotazo como siempre.


Me levanté de la cama por el lado derecho como siempre.


Me dirigí al baño dando tumbos como siempre.


Eliminé la orina acumulada durante la noche como siempre.


Me asomé al espejo para darme el primer vistazo del día como siempre.


... Y entonces fue cuando descubrí que algo no era como siempre.


En ese momento pensé qué era producto de mi resaca y, aunque extrañado, decidí no darle importancia.


Así que me duché como siempre.


Luego volví ante el espejo dispuesto a afeitarme como siempre.


... Y entonces comprendí que ya nada iba a ser como siempre y comencé a preocuparme de verdad.


El resto ya lo sabe.


Acudí a médicos de todo tipo en busca de ayuda.


Acudí a brujos, curanderos, gurús, sacerdotes...


Busqué y probé soluciones de lo más disparatado.


Pero eso se acabó. Ya no busco una solución. Ahora busco una explicación a todo esto.



De modo que no entiendo su pregunta sobre el cuándo si lo que yo quiero es saber por qué.


¿Puede usted explicármelo?


Ya ve que queda bien poco de mí, apenas la insinuación de una sombra.


Mi único deseo antes de desvanecerme para siempre es saber por qué.


¿Puede usted decirme por qué estoy desapareciendo?




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