domingo, 29 de marzo de 2009

Bewitched

-Buenas tardes.


-Buenas tardes, Sr. Inqusidor, venía a confesar que yo soy bruja.


(Husband-Gollum: ¡Eso, eso, confesar, confesar....!).


-Me parece estupendo que usted confiese lo que quiera, señora, pero yo soy notario, no inquisidor.


-¿Notario? Bueno, mejor, así no me torturará ni me quemará ni nada de eso. Venga, empecemos y tome usted nota de todo lo que se diga aquí.


(Husband-Gollum: ¡Eso, eso, confesar, confesar....!).


-En fin... mientras me pague... A ver, dice usted que tiene un pacto con el Señor de las Tinieblas .


-¿Con Drácula?


-No, señora, me refiero al “otro” Señor de las Tinieblas. Ya sabe Satanás, Lucifer, Belcebú... Ya sabe.


Huy, no, quite, quite, qué repeluz, yo no tengo ningún pacto con ese señor...


-Pero me acaba de decir que es usted bruja.


(Husband-Gollum: ¡Eso, eso, bruja, bruja....!).


-Sí... ¿Y?


-Pues... eeeh... nada. Veamos entonces puede usted predecir el futuro.


-¿Yo? ¡Qué va!


-¿No echa las cartas?


-¿Al buzón? Claro, no voy a dejarlas en cualquier sitio...


(Husband-Gollum: ¡Vamos, confiesa, bruja, más que bruja....!).


-Uuuufff... ah, ya, mirará la bola de cristal.



-Ah, gran programa aquél ¿verdad? Pero hace décadas que lo quitaron ¿No se ha enterado usted?


-Bueno, vale... ¿Runas, quiromancia, el humo del puro?


-¡Qué cosas más raras dice usted Sr. Inquisidor!


-Le he dicho que soy Notario.... Vale, entonces conocerá el arte de las hierbas ¿no?


-Huys, sí, me encantan las tisanas: el té, la manzanilla, el poleo menta, la tila... sanísimas todas.


-Buf... ¿prepara usted pócimas?


(Husband-Gollum: ¡Sí, sí, sí, pócimas... bruja... sí, sí, sí!).


-¿Eso qué es alguna receta exótica?


-Hmmm... ¿hechizos, embrujos, encantamientos?


-¡Qué zalamero es usted Sr. Inquisidor! Mire usted que estoy casada...


-Yo no soy Inqui... y no estoy flirt... ¡oh, déjelo! ¿Qué nos queda? Hmmm... ¿Mal de ojo?


-Bueeeno... ya ve usted que soy miope pero yo tampoco lo llamaría mal de ojo... Ojo un poquillo estropeado, puede, pero mal de ojo, me parece exagerado.


-Oiga, señora, usted dirá lo que quiera pero yo creo que usted bruja, lo que se dice bruja, no es.


(Husband-Gollum: ¡Sí, sí, sí, bruja... bruja... sí, sí, sí. Bruja... es... bruja... sí, sí, sí...!).


-Ya, ya sé que no soy bruja, Sr. Inquisidor.


-Notario, señora, soy notario... grumpf... A ver, que me entere, si no es bruja ¿Por qué viene a confesarlo?


-Pues porque mi marido aquí presente.... saluda, marido.


(Husband-Gollum: ¿Cómo está usted? Encantado de conocerle. ¡Bruja... sí, sí, sí! ¡Es una bruja, Sr. Inquisidor, sí... bruja... sí...!).


-Eeerr... Lo mismo digo... eeer....


-Pues, cómo le iba diciendo, que mi marido está empeñado en que soy una bruja y que confiese y que no sé qué. Y yo, por dejarle tranquilo ¿sabe usted? Me digo, digo... pues me voy a buscar a un Sr. Inquisidor y confieso y que se quede tranquilo, el pobrecito. Total, no cuesta nada ¿verdad? Usted me da ese papelito como que he confesado, él se queda tan contento y a mí me dejará tranquila.


-Si eso es lo que usted quiere... pues nada, le redactaré el documento pero... ¿No ha pensado usted en llevar a su marido al psiquiatra?


-Quite, quite, si está sanísimo y es de lo más inofensivo. Si es sólo esta manía tonta que tiene.


(Husband-Gollum: ¡Sí, sí... documento... confesión... bruja... sí...!) .


-Bien, aquí tiene su documento. Firme aquí y aquí y listo.


-Pues muchas gracias Sr. Inquisidor, ha sido usted de lo más amable. Ojalá hubiera más caballeros como usted. Hale. ¿Ya estás contento?


(Husband-Gollum: ¡Sí, sí... contento... bruja! Cuando lleguemos a casa no me transformes en sapo.... Gato, sí, sí... sapo no.... ¿Vale, sí, vale? Sapo aburrido, sapo feo... sí, sí, sí...).


-¿Ha dicho su marido algo de transformar?


-No... no, qué va... Venga, vamos, que tengo la escoba mal aparcada...


-Perdón ¿ha dicho escoba?


-¿Yooo? ¡Qué va! Ejem... Tiene usted el oído un poco mal ¿no? Ejem... En fin, que tenga usted muy buena tarde... ejem...


-Sí, sí... buenas tardes, señora... No se preocupe, ya cierro yo cuando usted salga... Adiós. Qué pareja tan curiosa. Vaya, parece que la señora se ha dejado su sombrero... negro... puntiagudo... que va muy bien con aquel vestido negro que traía... tan curioso... Oh... qué sensación tan extraña estoy teniendo....




Ella Fitzgerald - Bewitched, Bothered, and Bewildered.mp3 - Ella Fitzgerald

domingo, 22 de marzo de 2009

Tinkerbell


Este post está inspirado en un comentario de Hernán (y mi respuesta a él) en mi anterior post.

Tinker Bell... así me llamaban. Tinker Bell, Tink, Campanilla... esos eran mis nombres cuando vivía allá en Nunca Jamás. Bueno, sería más acertado decir que “así me llaman” porque aún sigo regresando cada cierto tiempo. He de hacerlo para recolectar la magia necesaria para mantener mi forma humana.


¿Que por qué dejé Nunca Jamás? Pues verás, por una parte, Peter Pan me tenía más que un poco harta. Ya, ya sé que te extraña que diga eso, todo el mundo parece tener una visión muy idealizada de Peter... por culpa del Sr. Barrie. Un bonito libro, no cabe la menor duda pero en el que Peter Pan sale demasiado favorecido, créeme. Y es que no puedes ni imaginar lo que era vivir junto a semejante presumido, ególatra, egoísta e inmaduro memoria de pez. Y te lo digo yo que fui quien lo encontró y lo crió, mal, no lo niego pero, oye, soy un hada y no sé nada sobre educación infantil... En fin, que ese criajo,estaba tan embebido de sí mismo que, en cuanto te dabas la vuelta, se olvidaba de tu existencia. Para cuando la señorita Wendy Moira Angela Darling, hizo su aparición yo estaba ya llegando al límite de mi paciencia y ella fue la gota que colmó el vaso. A ese mocoso fanfarrón le faltó tiempo para dejarme de lado por esa estirada... y no fue el único.


Por sí solo eso no habría sido motivo suficiente para abandonar Nunca Jamás pero si añadimos lo ocurrido con el Capitán Hook... la cosa cambia.


Aquí, en el mundo real, todos están convencidos de que yo estaba perdidamente enamorada de Pan y que intenté traicionarlo por celos. No sé por qué a nadie se le ha ocurrido pensar que mi amor podría estar dirigido a otra persona. No sé por qué nadie se ha dado cuenta, nunca, de que yo estaba enamorada de Hook y por eso quise ayudarle a acabar con su enemigo.


Puede que no fuera muy bonito ni muy ético hacer lo que hice, no busco justificarme insistiendo en mis sentimientos; me limito a contar la verdad.


Mi amor fue correspondido... hasta que llegó Wendy y él quedó prendado de esa tontorrona. No en ese primer viaje que todo el mundo conoce, no, entonces era demasiado joven pero ella, aunque el Sr. Barrie olvidó contarlo, siguió visitando Nunca Jamás... Y se fue haciendo cada vez más guapa y más fascinante y, bueno, llegó el momento en que fue lo suficientemente adulta como para atraer la atención de James.


Y enamorarle.


Y se lo llevó, sí señor. No sé cómo lo hizo pero lo convenció para abandonar su barco, su tripulación y todo cuanto conocía por ella.


Todos le advertimos que era una locura. Se lo dijo el Sr. Smith. Se lo dijeron sus marineros. Se lo dije yo. Hasta Peter Pan se lo dijo. Pero él hizo caso omiso a todo. Siempre ha sido muy terco ¿sabes?


Y se fue.


Y yo me fui detrás.


No podía seguir al lado de Peter (quien, por cierto, ni tan siquiera se percató de mi ausencia).


Y, sobre todo, no podía estar lejos del Capitán Hook.


Tenía que saber de él. De su vida. Si era feliz o infeliz.


Y quería estar preparada el día en que él se diera cuenta de su gran error y quisiera regresar a casa.


Por eso he vivido todos estos años a caballo entre el mundo real y Nunca Jamás. Esperando y observando. Observando y esperando.


Ahora él, por fin, ha recapacitado


Ahora él, finalmente, se ha decidido a regresar a casa.


Y ahora yo... yo... bueno... yo... en fin... ahora yo... no sé... me parece que he perdido interés por él.


Es lo que tiene el paso del tiempo.



domingo, 15 de marzo de 2009

El regreso

Primero fue el olor. Había estado soñando con el mar, así que pensó que formaba parte de su sueño pero, para su sorpresa, al abrir los ojos el aroma seguía con él. Se levantó de la cama y ahí continuaba. Permaneció con él todo el día; y ahí se mantenía, varios días después, el olor salado e intenso, el olor verde azulado del mar, un olor tan real que casi sentía la sal en los labios.

Luego llegó el sonido de las olas. Se despertaba con su estruendo en un día tormentoso. Se dormía con su arrullo tranquilizador. La música del oleaje iba tras él fuera donde fuera.


Hacía tiempo que la vida se le estaba haciendo cuesta arriba. El día a día lo aplastaba. Las obligaciones le pesaban. Su mujer le agobiaba. Su trabajo no le ofrecía ningún aliciente. Nada le satisfacía. Nada le llenaba. Nada le hacía feliz. El mundo le parecía cada vez más triste y no se sentía cercano a nada ni a nadie.


Y ahora, además, el mar le estaba llamando. Le cantaba día y noche, noche y día. El mar le murmuraba historias, le susurraba aventuras. El mar, su mar, le prometía libertad.




Le llevó años dar su brazo a torcer y reconocer que se había equivocado en ese absurdo deseo suyo de vivir en el mundo real. Incluso él, su enemigo de siempre, se lo había advertido:

-No todos sirven para la vida real. Volverás. Nos batiremos de nuevo.


Por supuesto no le creyó; nadie en su sano juicio creería lo que le dijera su enemigo. Sin embargo ahí estaba ahora, con su vida real, su esposa real, su trabajo real, su despertador real, sus compañeros reales... y su deseo real de volver a su mundo y batirse en duelo con ese maldito.


Y mientras se decidía o no se decidía, el olor, el sonido y hasta el sabor del mar le perseguían a todas horas. La mar lo llamaba de nuevo a su lado. Casi podía sentir el crujir de los maderos de cubierta, el vaivén del barco al cabalgar sobre el oleaje, el mar rompiendo en la proa, los cantos y gritos de su tripulación.



Hasta el día en que no pudo más.


Meditabundo, llegó hasta la puerta de su casa. Cabizbajo, metió la llave en la cerradura. Y en ese preciso instante, su cabello se agitó con una brisa suave, percibió el aroma salobre del océano, escuchó el lejano romper de las olas y, sin darse cuenta, comenzó a entonar una vieja canción pirata.


Dejó su maletín ante la puerta y la llave en la cerradura. Dejó a su esposa esperando su regreso. Dejó su vida real y, sin despedirse de nada ni nadie, se fue en busca del mar.


Navegó alejándose todo lo que pudo de tierra y cuando se sintió lo bastante lejos, se detuvo, lanzó el ancla del barquichuelo que había alquilado y se sentó a esperar a su barco y a su tripulación.


Llegaron casi enseguida. Entre gritos y maldiciones recogieron a su capitán. Y rieron. Y bebieron ron.



Le devolvieron sus viejas ropas.


Le dieron noticias de su gran enemigo.


Lo último que le entragaron fue su brillante garfio.


Y, al ponérselo, por fin, el Capitán Hook volvió a sentirse un hombre pleno y feliz.


Lejos del mundo real.


Rumbo a Nunca Jamás.


Por fin.

domingo, 8 de marzo de 2009

Licantropia


De haber nacido Zacarías Kull en la Edad Media tal vez -sólo tal vez- hubiera encontrado a su novia altamente sospechosa pero, lamentablemente para él, fue a nacer en la época actual, mucho más racional que aquella.


Asimismo, si Zacarías hubiera sido un hombre dado a supersticiones, leyendas, parapsicologías y mitos de todo tipo, quizás -sólo quizás- habría visto alguna cosa anormal en la antedicha, pero a Zacarías esos temas no le resultaban atrayentes. De modo que no encontraba nada -demasiado- extraño en el pertinaz hirsutismo de su amada. Y, por supuesto, tampoco encontraba nada insólito en el hecho de que cada veintiocho días, coincidiendo con la luna llena, su chica se volviera extremadamente arisca y se negara a verlo pues ambas cosas eran achacadas por Zacarías a lo que él denominaba eufemísticamente “sus días especiales”.


Llegado el día de conocer a su futura familia política, Zacarías consideró de lo más normal que sus futuros suegros y cuñados vivieran en una cueva (cosa que nos hace sospechar que, probablemente -sólo probablemente-, Zacarías era algo... obtuso). Se sintió, eso sí, algo incómodo al ser recibido con olfateos varios pero, sin perder la sonrisa -ni la lentitud de comprensión- el bueno de Zacarías achacó tal conducta a que sus nuevos parientes eran extranjeros y ya se sabe lo singulares que llegan a ser algunas de esas costumbres foráneas.


Fue en esta misma reunión donde se le comunicó a Zacarías Kull que, si quería formar parte de la familia (en realidad, la palabra usada fue “manada” pero ni por esas se dio Zacarías por enterado), debería pasar por un pequeño “trámite”, sin importancia, pero ineludible para la buena convivencia familiar. El obtuso, confiado, cándido e incauto Sr. Kull, aceptó sin preguntar, ni dudar, ni plantearse nada. Aceptó, contento y entusiasmado ante la idea de participar en alguna especie de “exótico ritual de aceptación tribal” (así lo llamó él).


Un par de semanas después, Zacarías viajó hacia la cueva en la que aún vivían los abuelos de su prometida, quienes serían los encargados de llevar a cabo la... hummm... pequeña formalidad que lo convertiría en miembro de pleno derecho del... humm... clan.


Era una noche de luna llena y tanto su novia como el resto de su parentela se encontraban especialmente alterados y agresivos... pero Zacarías seguía sin ver nada extraño pues todo lo achacó a que debía ser una ceremonia muy importante en su cultura.


Dejaron a Zacarías a solas con el patriarca, cuyo aspecto era realmente fuerte y juvenil para la edad que -se suponía- debía tener... pero Zacarías seguía sin ver nada extraño porque dio por supuesto que era un hombre que se cuidaba mucho.


El viejo patriarca abrió las ventanas dejando que la blanca luz lunar cayese sobre su figura e, inmediatamente, comenzó la transformación... pero Zacarías seguía sin ver nada extraño pues pensó que todo formaba parte del rito.


El hombre lobo se giró hacia él con las fauces abiertas, rugiendo y aullando... pero Zacarías seguía sin ver nada extraño en ello.


En realidad Zacarías no vio nada extraño, ni se preocupó, ni sintió miedo hasta que tuvo los dientes de la bestia clavados en su cuello. Sólo entonces, por fin, sus sinapsis neuronales hicieron las conexiones necesarias y, todas a una, comenzaron a gritar histéricas anunciándole que se había metido en la boca del lobo... literalmente.


Pese a lo que pueda parecer la cosa no fue tan terrible. Sí, sí, hubo bastante -mucho- dolor. Y también hubo mucha -abundante- sangre. Y hubo gruñidos y rugidos y toda la parafernalia pero... bueno, una vez pasado el “trámite” Zacarías tuvo que reconocer que no había sido tan terrible.


El obtuso y confiado Zacarías Kull ya era un hombre lobo.


Poco después, se casó con su novia y fueron a vivir con su manada. No sabía si algún día llegaría a ser un macho alfa y formar su propio clan pero, bueno, de momento no le importaba. De momento le bastaba con disfrutar de su nueva condición.


Sólo había un problema.


Un problema que le amargaba la parte más divertida de ser un hombre lobo.

Zacarías Kull, al transformarse en licántropo descubrió algo terrible de sí mismo.


Zacarías Kull descubrió que, aparte de obtuso, confiado e incauto era alérgico al pelo de los animales.


Aún anda buscando el remedio definitivo.





martes, 3 de marzo de 2009

Regalos

Primer regalo



Encorvado, arrugado, yendo todo lo aprisa que le permiten sus piernas, nos cruzamos con él en un paso de peatones. Señala a la niña, señala al cielo, nos dice algo a toda velocidad. Al llegar a la acera, miramos hacia atrás y cruzamos miradas de perplejidad, preguntándonos si alguien había entendido lo que el viejito nos había dicho... pero no, el encuentro había sido tan rápido que nadie -ni el “husband”, ni la niña, ni yo- había entendido sus palabras. Bueno, sí, habíamos entendido sólo una: luna.


Así que relacionamos la palabra con el gesto de señalar al cielo y, suponiendo que eso era lo que quería, elevamos nuestra mirada hacia la luna. Y entonces:


-¡Oh!


-¡Ah!


-¡Qué bonito!


Al mirar hacia arriba nos encontramos con una hermosa luna en cuarto creciente y, justo, encima, el lucero vespertino.


Primero nos quedamos un rato embelesados con esa hermosa imagen.


A renglón seguido tocó mini-lección de astronomía, vamos, que le expliqué a la niña que el lucero no era otra cosa que el planeta Venus.


Luego vino un vano intento de fotografiar el pequeño prodigio que teníamos ante nuestros ojos. El -mal- resultado es, entre otras varias, la fotografía del principio.


Estos fallidos intentos de inmortalizar esa imagen nos dio, además, para unas cuantas risas al comprobar el asombroso parecido entre estas instantáneas y esas otras que -se supone- plasman avistamientos O.V.N.I. Vamos, yo creo que en el programa de Iker Jiménez han sacado cosas parecidas.


Así, entre la contemplación de algo hermoso, lecciones “astronómicas”, sesiones fotográficas y risas varias, acabamos nuestro paseo.

Creo que puede decirse que el “viejito del paso de peatones” nos hizo un precioso y peculiar regalo.


Lástima no poder agradacérselo.


Segundo regalo


Este me lo encontré en mi bandeja de entrada y es... algo menos poético. Hace unos meses envié el microrelato titulado La princesa a la editorial Hipálage para participar en el I Premio Algazara de Microrelatos. No, no he ganado. Pero la editorial ha seleccionado mi relato (junto a otros varios más, incluidos, por supuesto, los ganadores) para ser publicado en el libro “Cuentos para sonreír”.

Y van dos textos que me publican en esta editorial... algún día, quizás, gane uno de sus concursos ;)


Tercer regalo


Y este también lo encontré en mi bandeja de entrada (que ya se ve que estos días ha estado ocupada). Pues allá por el mes de diciembre me enteré -o me enteraron que ya no recuerdo- del proyecto Relatos Solidarios desde Internet. Se nos pedía a quienes escribieran relatos y tuvieran un blog, que regaláramos un relato para publicar un libro; lo que se recaudará con su venta será donado íntegramente a la Fundación Vicente Ferrer.


En principio se iban a seleccionar 50 relatos pero, finalmente, se publicarán 100 entre los cuales se encuentra mi relato El parque.


Así que, así, de golpe, me veo con dos textos publicados en dos libros diferentes... mmmm... no está mal.


Cuarto regalo


Y con esto acabo. Lo prometo :)


Una servidora no es de carcajada fácil. Ahí tengo a mi marido que puede testificarlo. No es que me resulte difícil encontrar cosas divertidas, no, lo que cuesta es arrancarme carcajadas. Pues bien, hoy quiero regalar este regalo lleno de humor que vi hace unos días. Un vídeo que a mí, sí, me hizo reír a carcajadas e, incluso, llorar de risa.


Ya imagino que no todo el mundo lo encontrará tan divertido como yo pero... quiero hacer este regalo a todos quienes tienen la paciencia de leerme y de comentarme y de ofrecerme ¿puedo decir cariño, amistad, aprecio? Bueno, yo lo digo y si me equivoco pues... na... :D


Pues, bueno, eso, que aquí dejo un vídeo de George Carlin llamado Little Universal Moments: