miércoles, 25 de febrero de 2009

Amor platonico


Nunca faltaba a su encuentro diario. La esperaba, la veía, la seguía. Afortunadamente, ella nunca se dio cuenta de que la acechaban; si lo hubiera hecho se habría sentido aterrada sin motivo. Porque él no quería hacerle daño. En absoluto. Él la amaba. En silencio. En la lejanía. La amaba desde el primer día que vio su brillante rostro, sus elegantes piernas, su deslumbrante melena roja.


La amaba como sólo un solitario introvertido es capaz de amar, con toda esa pasión contenida, con toda esa dulzura reprimida. Nunca había hablado con ella pero él lo sabía todo sobre su vida. Absolutamente todo.


Mes tras mes había seguido sus pasos, había averiguado donde vivía, donde trabajaba, quienes eran sus amigos, qué gustos tenía. Sin hablar con ella la conocía mejor que el mejor de sus amigos, mejor incluso que ella misma.


Bien sabía él que si deseaba que ese amor fuera más que una pura fantasía. tendría que recurrir a todo su depósito de valor, acercarse a ella y darse a conocer de una vez por toda.


Le costó meses y meses tomar la decisión. Le tomó horas y horas pensar qué palabras iba a decirle, cómo iba a aproximarse, cómo iría vestido, dónde realizaría el acercamiento.


Le costó sudores, meditación, temores, temblores; le costó un mundo tomar la decisión y llenarse de coraje pero, finalmente, tomó la decisión.


Lástima que, justo la noche que había elegido para hablar con su etérea dama. Justo la noche que se sentía con la suficiente energía para aproximarse a su amada. Justo esa misma noche... ella no apareció.


Ni volvió a aparecer jamás


Y nunca volvió a verla.


Porque, justamente esa decisiva noche, él dejó de soñar con ella.



Dream A Little Dream Of Me - Louis Armstrong and Ella Fitzgerald



jueves, 19 de febrero de 2009

The message


El 16 de noviembre de 1974 fue enviado al espacio, desde el radiotelescopio de Arecibo y en dirección al Cúmulo de Hércules, un mensaje conteniendo información sobre la situación del Sistema Solar, el planeta Tierra y el ser humano. Dada la distancia a la que se encuentra dicho Cúmulo (25.107 al) quienes enviaron el mensaje no esperaban ninguna respuesta.


Sin embargo, la hubo.


Llegó varias décadas más tarde, desde una de las constelaciones que se encuentran a mucha menor distancia de nuestro planeta que Hércules ... y esta vez no se trataba de una Señal Wow! Esta vez la señal era clara, indudable e indiscutiblemente, un mensaje de una civilización extraterrestre.


Durante meses los expertos se reunieron, discutieron, analizaron, desmenuzaron y examinaron hasta el más mínimo detalle de cada segundo de la transmisión. Le dieron vueltas y más vueltas hasta dar con la clave que les permitiera descifrar lo que ya constituía el mensaje más importante en la historia de la humanidad, la noticia del milenio... o al menos de las últimas décadas... o quizás del último año... Bueno, siendo sinceros, la mayor parte de los humanos había olvidado el mensaje a las pocas semanas de su recepción porque en este mundo nuestro, ya se sabe, las “grandes noticias” duran hasta que otra “gran noticia” ocupa su lugar cosa que suele ocurrir cada pocas horas.


Pero la falta de interés del común de los mortales es algo a lo que los científicos se encuentran más que acostumbrados y, por tanto, no tuvo ninguna influencia en su esfuerzo por decodificar el “mensaje de las estrellas” -nombre cursi donde los haya y que fue inventado, por supuesto, por los medios de comunicación-.


Por fin, tras varios meses de esfuerzo, noches sin dormir y días sin pasara por casa, los expertos lograron, finalmente, una traducción adecuada y sorprendente. Se habían esperado casi cualquier cosa... excepto lo que tenían delante. A pesar de estar bastante seguros de que la traducción era correcta, volvieron a repetir el proceso desde el principio. Probaron otras posibles combinaciones. Le dieron miles de vueltas pero, no cabía duda, el mensaje era el que era:


Este es el contestador automático del planeta (palabra intraducible). En estos momentos no podemos atenderles. Les rogamos nos faciliten el nombre de su planeta y el suyo propio y, en cuanto nos sea posible, nos pondremos en contacto con ustedes. Deje su mensaje después de la señal”.

El jefe del equipo miró a todos sus subordinados y, dando un suspiro, dijo:

-Nunca me han gustado los contestadores pero, en fin, habrá que dejar un mensaje ¿no?


Y eso fue lo que se hizo.




P.S.: Pido disculpas por cualquier fallo científico que pueda haber que una no es científica y a saber qué barbaridad puede haber soltado sin querer. Pido también disculpas por mi retraso no sólo en actualizar sino en visitar blogs pero, como ya he dicho en algún comentario: tengo un agujero en el bolsillo del tiempo y no sé a dónde se me está yendo pero el caso es que, últimamente, siempre ando escasa del preciado material.


martes, 10 de febrero de 2009

Vértigo


Con su permiso, jefe... ¿Se puede? Muchas gracias. Pues verá usted que venía yo a pedirle que si podía ser que me cambiaran el destino. Un traslado, ya sabe. Me da igual que sea a un puesto más complicado, con más horas o más duro pero que no sea aquí, en estas alturas tan... altas. Usted sabe de mi problema de vértigo ¿verdad? Claro que lo sabe... ¿cómo no va a saberlo usted? Vamos, como para no saberlo... Y también sabe que yo he intentado superarlo. Me he esforzado de verdad, he acudido a algún psicólogo de los que tenemos por aquí y hasta he participado en alguna terapia pero... nada, jefe, que no hay manera, el maldito vértigo no desaparece.


Usted comprenderá que trabajar aquí, en estas condiciones, se vuelve imposible. Vamos, que me paso los días con los ojos cerrados, sujetándome a mis compañeros y a los clientes. Tengo los nervios tan de punta que me es imposible hacer bien mi trabajo y lo peor es que acabo contagiando a los demás con lo cual el ambiente no tiene nada de pacífico y sereno. Es que ya le vale, jefe, poner la central aquí, tan arriba, tan lejos del suelo y con estas vistas tan... tan... tan amplias.... Uf, me mareo sólo de pensarlo.


A mí me gusta este trabajo, ya lo sabe usted, me llevo muy bien con mis compañeros, mis superiores no tienen queja de mí. Usted sabe que nunca he tenido un problema con nadie... excepto este vértigo mío que no se cura con nada. Y por eso vengo a pedirle un traslado, jefe, porque esto no es vivir. Mándeme usted a otro destino, el que usted quiera, pero cerca del suelo, jefe, bien cerca del suelo.


Envíeme usted allá abajo y verá que bien cumplo con las misiones que me encomiende. Si le seré más útil allá que acá, se lo aseguro. Si usted hubiera querido hacer algo con respecto a mi problemilla... pero no quiso y, claro. Que no me quejo ¿eh? No se me enfade usted que no pretendo ni ofender ni montarle un pollo como aquél ni nada... si yo soy muy pacífico y le quiero a usted más... Además que ya sé que usted hace las cosas porque... bueno, usted sabrá por qué las haces pero, desde luego, bien hechas están, por supuesto...


Pero vaya, que yo así no puedo seguir. Espero que no se enfade por lo que le pido y me destine a otro sitio más apropiado a mis características... si puede ser...


Si es que, usted sabe que tengo razón, jefe... Que un ángel con vértigo da muy mala imagen al negocio. Si lo mejor es que me envie a la Tierra de ángel de la guarda o cosa parecida.


Pero, bueno, eso usted ya sabrá resolverlo mejor que yo, faltaría... Y... y ya le dejo que se le está poniendo esa cara tan... tan... bueno, tan suya...


En fin, pues quede usted con... usted mismo y ya me dirá qué ha decidido ¿eh? Hale, pues eso, que con... usted mismo... y nos veremos... si usted quiere, claro...



martes, 3 de febrero de 2009

Birthday party


-Esto de las fiestas de cumpleaños infantiles es una tontería, una memez y un coñazo.- refunfuña el “husband”- Es un gasto de dinero absurdo y son... son... ¿he dicho ya lo de coñazo? ¿Sí? Bueno, da igual, doble coñazo...- Sigue rezongando el susodicho -Que sepas, además, que va en contra de mis principios, de mis más profundas convicciones, todo este rollo de los compromisos sociales. – Continúa desprot... despoti... desp... criticando mi medio limón. -Porque esto no es más que una forma de crearse obligaciones absurdas. Luego viene aquello de: tengo que invitarte porque tú me invitaste y tengo que llevarte un regalo aunque tú me digas que no y empiezas llevando a la niña a una fiesta y ¡zas! Cuando te quieres dar cuenta, ya te han atrapado en la rueda de compromisos sociales de esos y bla, bla, bla, bla...-. Todo esto murmuraba, mascullaba y farfullaba mi querido “husband”... mientras nos movíamos entre estanterías de juguetes en busca del regalo adecuado para una amiguita de mi enana a cuya fiesta de cumpleaños (segunda del curso...) ha sido invitada.


-Que sepas- sigue insistiendo -que estoy totalmente en contra de estas cosas, que esto va en contra de mis ideas y que si se pudiera objetar de esto, yo sería el primero en hacerlo ¿Te enteras?.-

-Ajá, sí, me entero... ¿Qué te parece esta muñeca?


El “husband”, me mira enfurruñado, se mete las manos en los bolsillos y continúa: -A mí no me metas en líos. Tú te encargas de eso. Yo ya hago bastante con acompañarte. Jummmm.... y la de veces que dije que yo no iba a entrar en esta dinámica de las fiestas de cumpleaños... jummmmm.


Efectivamente, lo dijo... lo dijo antes de ser padre. Porque, antes de ser papá, uno está repletito de principios irrenunciables y de ideas muy claras. Pero claro, antes de ser padre, uno no cuenta con que es imposible resistirse a la mirada brillante y a la ilusionada cara de tu hija de seis años (y medio, que no se me olvide no sea que la enana se enfade...) que, sonriente, sale del cole con una invitación a una fiesta de cumpleaños en la mano y miles de planes en la cabeza. Así que aquí está el “husband”, renunciando a su irrevocables principios, ayudándome -mal que le pese- a buscar un juguete para la cumpleañera y – lo que es aún peor (para él) – planteándose, inclusive, aceptar que la niña celebre su propia fiesta de cumpleaños.


-¿Verdad, “husband”?

-Jummmm.... déjame en paz... ¡Si es que me quitáis la vida! Jummmm....


El que sea padre, lo sabe y el que no lo sea... lo sabrá, aunque ahora no me crea...



My Girl - The Temptations