domingo, 22 de noviembre de 2009

Venganza


Sentado en la oscuridad, acariciaba la pistola como si fuera una pequeña y dulce mascota.


Le gustaba su frío tacto.


Le gustaba lo que ella iba a hacer por él.


Se había pasado años rumiando su venganza. Imaginando cuál sería la mejor manera, la más atroz, de hacerle pagar todo el daño que le había hecho. Nada de lo que se le ocurría le parecía suficiente... hasta ahora.


Acercó el revólver a su mejilla pasándolo suavemente por su descuidada barba. Era un arma hermosa, peligrosamente bella. Tenerla en sus manos le hacía sentir bien, tranquilo, confiado en el futuro que se abría ante él.


Ella iba a ser el vehículo de su venganza.


Ella iba a ayudarle a resarcirse de tanto dolor.


Con ella daría el primer paso en el suplico de ese maldito canalla que le había destrozado la vida.


Le costó encontrar la forma que tomaría su venganza y ahora le parecía increíble que hubiera tardado tanto en encontrar la solución a su problema. Iba a perseguirle, a acosarle. Iba a hacerle la vida imposible. No dejaría que se olvidará de él ni de lo que le hizo, jamás.


Y su pistola iba a ayudarle a ello.


Introdujo el cañón en su boca, apretándolo contra su paladar.


Sólo tenía que cruzar la línea que separa la vida de la muerte y, entonces, su fantasma se convertiría en la sombra de ese infecto gusano.


Sonrió, se sentía feliz.


Su venganza estaba tan sólo a un paso.


Lentamente apretó el gatillo.


Un destello.


Una ensordecedora detonación.


El silencio.






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