Tres historias, diez palabras...

Hace unos días, saltando de blog en blog tropecé con un listado de diez palabras y se me ocurrió retarme a mí misma a escribir un pequeño relato usando esas diez palabras. Y, para mi sorpresa, conseguí escribir no uno sino tres pequeños relatos. Aquí está el resultado de mi pequeño experimento. Me resultó tan divertido que amenazo con volver a repetirlo. ¿Alguien más se atreve a intentarlo? Las palabras son las siguientes: mariposa, reverberante, laguna, almohada, alféizar, barroco, cascada, albores, girasol y cerúleo.


El resultado podéis verlo a continuación:


Ensoñación


El lento y reverberante tañido de la campana sobrevuela la cerúlea laguna. Una delicada mariposa revolotea en un rayo de sol que ilumina el alféizar de una de las ventanas más altas del barroco palacio. Sobre la blanca almohada una melena rubia se esparce en dorada cascada ocultando a medias una dulce y sonriente carita que, al sonido de la puerta al abrirse, se gira como un radiante girasol hacia el padre que lleva meses sin ver.


Baja corriendo de la cama, salta hacia sus brazos... y se despierta justo en el momento en que iba a sentir sus brazos alzándola.


Su felicidad se apaga cuando apenas estaba en sus albores mientras le llega el lento tañido de la campana y la delicada mariposa, indiferente, revolotea en un rayo de sol.



Comienzo


La mariposa volaba sobre la reverberante laguna. Mientras, la mujer, con la almohada apoyada sobre el alféizar barroco, contemplaba la cascada de luz que, en los albores del nuevo día, caía sobre el girasol plantado en el cerúleo tiesto.


Comenzaba un nuevo día.


Él se había alejado de su vida.


Ella era, por fin, feliz.


Despedida


La pequeña mariposa, posada sobre un brillante girasol, parece contemplar ensimismada la reverberante luz que, en estos primeros albores del día, es reflejada por las quietas aguas de la laguna.


Unas pequeñas flores rojas caen en cascada desde el alféizar de una ventana cercana. El pequeño jardín barroco parecía brillar bajo el cerúleo cielo.



Desde su almohada, la anciana gira trabajosamente su cabeza hacia la brillante luz que comienza a iluminar su oscura habitación. Sonríe levemente y, lanzando un último suspiro, cierra sus ojos para siempre.





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