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Mostrando entradas de octubre, 2009

Cosas de casa...

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Mi cama
Mi cama no es sólo una cama.
Mi cama, aunque suene raro, es más que una cama.
En realidad mi cama puede ser casi cualquier cosa.
Puede transformarse, por ejemplo, en lugar de estudios donde la niña, usando una pequeña pizarra a modo de mesa, hace sus deberes.
En otras ocasiones se transmuta en sala de juegos en la que jugar a navegar en un barco o a usar a papá como caballito o a “hacer el sandwich” (mamá una tapa del pan, papá el embutido, la niña la tapa superior) o mantener durísimas “peleas familiares”.

Mi cama, otras veces, es el sofá de un salón donde nos reunimos todos a ver la tele (especialmente en verano ya que mi dormitorio es la habitación más fresca).
Por supuesto, es inevitable su transformación en biblioteca: en ella lee la niña, leo yo, lee mi “husband”...
Mi cama, ya lo he dicho, no es sólo una cama. Es un lugar de encuentro, un sitio de vida familiar.


El dios

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El dios se deslizaba suavemente en el vacío espacial dejándose mecer por vientos solares y permitiendo que las fuerzas gravitacionales le acercaran o alejaran de planetas, planetoides, estrellas y demás cuerpos celestes. Dormitaba una siesta milenaria e indolente debido más al aburrimiento que al cansancio.
Como dios no es que fuera gran cosa. Siendo sincero consigo mismo debía admitir que, en realidad, como dios era un completo desastre.
El dios se revolvió, resoplando, en su cama de éter. El polvo y el gas de una nebulosa cercana salieron despedidos a varios años luz de distancia.
Un par de galaxias habían nacido y habían muerto desde que perdió su único planeta en una partida de dados contra otro dios.
Podía haber intentado crear otro pero es que, vaya, eso de crear no se le daba demasiado bien. En el planeta que perdió había invertido millones de años. Moldearlo y crear la base geológica le costó un esfuerzo sobre-divino; sudó tanto que los primeros océanos le quedaron algo salados,…

Aura no puede dormir (Infantil)

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Aquella noche de luna llena Aura no podía dormir.
Se volvió a la derecha... y nada.
Se volvió a la izquierda... y nada.
Se volvió boca abajo... y nada.
Se volvió boca arriba... y nada.
Dio vuelta a su almohada.
Se destapó.
Se volvió a tapar.
Se cubrió los ojos con las manos.
Se abrazó a su osito.
Se cantó una nana.
… Y nada.
Aura recordó que su mamá siempre le decía que contara ovejas y a ello se puso:

Obsesión

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Me cansé, me harté, me hastié.
Me fatigaba, me fastidiaba, me incomodaba, me jeringaba. Vamos, que me jorobaba mucho.
Todo el día detrás de mí. Todo el día siguiéndome, persiguiéndome, hostigándome, acechándome, escoltándome.
Por eso acabé con ella. Porque ya no podía más.
Ya no aguantaba su casi continúa compañía.
Ya no soportaba sentirla siempre vigilándome.
Ya no toleraba su presencia.
Liquidarla, eliminarla, aniquilarla, se convirtió en mi único y constante pensamiento.
No fue fácil deshacerme de ella. Planificar el cómo me llevó mucho tiempo y vencer su natural resistencia, también. Pero, a pesar de todas las dificultades, lo logré.
Oh, sí, me costó pero conseguí liberarme de su acoso.
Tras tantísimos años por fin me siento libre.

Ya no puede seguirme, ni perseguirme, ni acosarme, ni vigilarme.

Cosas de niñas...

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Hace unos meses le dimos a la enana un mp3 que iba a ser jubilado. Lo usa cuando vamos de viaje o de paseo o a algún sitio en el que sabe que se va a aburrir. Su gusto musical es bastante variado: Hannah Montana, Jonas BrothersMitchel Musso, Beyonce, Paulina Rubio, Shakira, Ismael, Cheetah Girls, Demi Lovato, la banda sonora de “Phineas y Ferb” que es lo más “infantil” de toda esa música. Y pensar que yo cantaba las canciones de los Chiripitifláuticos... ¡cómo ha cambiado la infancia!
¿Sabes qué?” Es la coletilla que usa mi enana para iniciar el relato de cualquier cosa que nos quiera contar...
¿Sabes qué? Dice D. que cree que ha visto la cola del Ratoncito Pérez -a lo que parece ya debía haber acabado su trabajo y lo pilló mientras se largaba con su botín dental-.
¿Sabes qué? La profe de Cono tiene muchos granitos aquí -la enanase señala varios puntos de la cara- y ¿sabes qué? ¡Que tienen pelos! Parece una bruja -y la tía se parte de la risa-.
¿Sabes qué? El profe de Música es muy di…

Caja de tesoros

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Tengo una caja preciosa. Una caja forrada de raso de color rosa. Mi mamá la forró con mucho cuidado, la adornó con mariposas, me la regaló por mi cumpleaños y a mí me pareció maravillosa.
En ella guardo mis tesoros y mis secretos.
Guardo una piedra azul con estrellas amarilla que me pintó la tía Chari un día que estaba muy triste.
Guardo dos pétalos de rosa: una blanca, otra roja. Los encontré en el parque, a principios de primavera y los guardé para poder tener siempre a mano un trozo de mi estación favorita.
Guardo tres canicas de brillantes colores. Me los dio mi amigo Pablo con un beso y un abrazo.
Guardo cuatro cromos de mi serie favorita, los compré con mi propina en lugar de golosinas.
Guardo cinco chicles de fresa para algún día de fiesta.
Guardo seis coleteros: dos con flores, dos con estrellas y dos con corazones.
Guardo siete velas de cumpleaños, una por cada año que tengo.
Guardo ocho tizas de colores para pintar paisajes y jugar a la rayuela y hacer sumas, restas y hasta multiplic…