lunes, 21 de septiembre de 2009

Meteorología

Elisa salió aquel lunes preparada para disfrutar de un soleado y cálido día. Se había puesto un fresco vestido de batista y sus sandalias preferidas. Abrió la puerta dedicándole su mejor sonrisa al nuevo día.... y se encontró con una lluvia torrencial y un viento helado que hablaba más de otoño que de verano.


Por supuesto, Elisa regresó a casa a cambiarse de ropa.


El martes, Elisa se decidió por un abrigado pantalón, un jersey y un precioso impermeable de color vino. Con una amplia sonrisa y pensando que el tiempo otoñal también se podía disfrutar, Elisa abrió la puerta... y se encontró con un sol radiante, casi tropical.


Por supuesto, Elisa regresó a casa a cambiarse de ropa.


El miércoles, Elisa se vistió de verano y el tiempo se vistió de otoño. El jueves, Elisa se atavió de otoño y el tiempo lo hizo de verano. El viernes, Elisa se equipó para el verano y el tiempo lo hizo para el otoño.


El sábado Elisa, harta, prefirió no salir de casa.


El domingo por la mañana Elisa abrió la ventana, miró al cielo y gritó:



-¿Piensas seguir así durante mucho más tiempo?-


Y, desde las nubes, una voz como un trueno respondió:


-Sólo hasta que me digas que sí.


Elisa cerró la ventana con un fuerte golpe mientras pensaba en cuánta razón tenía su madre cuando le decía que era una locura andar enredando con los dioses griegos y, sobre todo, con un mujeriego incorregible como Zeus.


Luego, con un suspiro de resignación se fue a preparar la ropa de verano, la de otoño y, quizás, hasta la de invierno para el día siguiente.


Algún día Zeus se encapricharía de otra y la dejaría en paz...