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Mostrando entradas de abril, 2009

Charcos

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A Martín le aterraban los charcos, incluso el más pequeño.
Se aterrorizaba cuando veía un niño dispuesto a saltar sobre esos mares enanos y, sin poder evitarlo, cerraba los ojos y se encogía a la espera del grito que le indicara que la criatura había desaparecido engullida por las estancadas aguas.
Rodeaba cuidadosamente cada charco que encontraba en su camino convencido de que, en cualquier momento, podía surgir de sus profundidades una garra cadavérica dispuesto a sujetarle por los tobillos y arrastrarle a un espeluznante universo lovecraftiano.
Martín ni tan siquiera soportaba ver los reflejos de las cosas en los micro lagos ciudadanos. Le provocaba ataques de pánico la idea de que, si se paraba a mirar esos reflejos podría acabar mirando cara a cara al mal en su estado más puro y sanguinolento.
Pero todos estamos expuestos a sufrir un accidente, incluido el precavido Martín. Una mañana lluviosa, en un intento por sortear un pequeño charco, Martín cayó de bruces en un enorme, curiosa…

Charla (Divertimento)

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Primero oscuridad. Luego un leve destello de luz. Finalmente, una voz profunda que saluda...
-Bienvenido a la Muerte, señor Arnaiz.
-Así que el Más Allá es esto...
-Pues sí, es esto...
-Ajá... es esto... sea lo que sea esto, claro...
-Claro.
-Y, por lo que veo, usted no va a decirme qué es esto...
-Pues ve usted muy bien para estar muerto.
-Muchas gracias.
-De nada.
-Porque... estoy muerto ¿verdad?
-Verdad.
-Ajá... así que estar muerto es esto...
-Pues sí, es esto...
-Vaya, no pensé yo que fuera a sentirme... así.
-¿Y cómo es... así?
-Pues... así... como muerto pero no tanto... no sé, una cosa rara...
-Ya. Entiendo.
-Y, bueno, imagino que usted será la Muerte o algo así ¿no?
-Algo así, supongo.
-Supone... ya veo que es usted el campeón de la precisión. En fin, al menos podrá decirme qué tengo que hacer ahora.
-Pues... no, no puedo decírselo porque eso depende totalmente de usted.
-¿De mí?
-Sí, de usted, de lo que usted crea. Aquí, en esto que usted llama

Soñadores

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Una mañana, sin pensarlo mucho, decidió escribir el siguiente anuncio:
Soñador harto de compartir sueños con la soledad busca soñadora que quiera compartir su castillo en el aire, volar en una nube color de rosa, viajar hasta la luna, crear planetas, construir estrellas e inventar todo tipo de mundos. Abstenerse espejismos e ilusiones ópticas”.
Luego dobló el papel hasta formar un pequeño avión, se fue a la montaña más cercana y desde allí lanzó palabras y sueños hacia el cielo azul.
La respuesta llegó desde más allá del océano, en alas del viento, con olor a tierra mojada y a mañana recién nacida:“En los sueños vivo, de sueños me alimento. De fantasía visto y de ilusión me maquillo. Busco un soñador que no tema volar más allá de la realidad. Nos encontraremos en tus sueños sólo con que tú lo desees.”
Y en sueños se conocieron. Y en sueños se enamoraron. Y en sueños vivieron su amor.
Cada uno tenía su vida real y jamás desearon compartirla, se conformaban con tener un compañero de ensoña…

Tesoro secreto

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Peligrosos, prohibidos, mágicos. Eso le habían enseñado sobre ellos. Eran peligrosos porque eran mágicos y, por tanto, su posesión estaba totalmente prohibida al vulgo. Su uso traía locura, decían, locura y muerte. Nada bueno venía de ellos, le contaban, sólo maldad, soberbia, inmoralidad.
Se hablaba de ellos en temerosos susurros. Los viejos contaban terroríficas consejas sobre ellos... peligrosos, prohibidos, mágicos. Se lo habían repetido una y otra vez desde su más tierna infancia. Huye de ellos. Si ves uno, sal corriendo. Aléjate de esos locos herejes que pretenden hacerse con el poder que desprenden.
Peligrosos, prohibidos, mágicos. Cosas del maligno. Sólo el Gran Administrador y sus Consejeros podían usarlos sin peligro pues ellos eran dueños de sus secretos y sabían cómo dominarlos. El resto debía mantenerse alejados de ellos bajo pena de muerte.
Peligrosos, prohibidos, mágicos. Una y mil veces le habían hablado de los viejos tiempos, cuando todos podían tener acceso a ellos; …

Gerontofobia

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Aunque vivir como un serial killer resulta sumamente complicado, Amaranto Ruidobro lo había logrado sin demasiados problemas. Nadie, ni familia, ni amigos, ni vecinos, habría sospechado jamás que su gran afición era torturar y matar lentamente a otros seres humanos y en lo que se refiere al cuerpo de policía si alguien hubiera acudido a ellos sosteniendo la idea de que en la ciudad habitaba un psicópata de los más peligrosos y activos, habrían pensado que estaban ante un conspiranoico con mucho tiempo libre.
Y es que Amaranto, a diferencia de otros serial killers, ni mataba siempre de la misma forma ni elegía siempre al mismo tipo de víctima. Ambas cosas variaban constantemente. Era, además, extremadamente cuidadoso, no dejando nunca ni la más mínima huella ni el menor rastro.
Nunca había tenido un fallo... hasta que lo tuvo, claro.
Todo comenzó de la forma habitual, escogiendo a su víctima. Salió a la calle una mañana dispuesto a encontrar una presa fácil y elegida al azar, como siem…

Regalo de aniversario

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En nueve años caben tantas cosas...
En nueve años caben, entre otras cosas, varias centenas de besos y otras tantas caricias. Caben, también, kilos de “te quiero”, “te amo”, “te necesito” y “te deseo” y, en algún momento, incluso varios “te añoro”, “te extraño”, “vuelve pronto”, “no tardes”...
En nueve años caben esperanzas, ilusiones, futuros que se hacen presentes, presentes que se vuelven pasados, anhelos, desilusiones, alegrías, penas, frustraciones, discusiones, reconciliaciones, abrazos, reencuentros, cálculos, planes, risas, alguna lágrima, sueños, charlas e, incluso, algún grito. En nueve años caben horas de confortables silencios, kilómetros de paseos, ríos de palabras y cientos de miradas que hablan.
En nueve años caben un estresante cambio de ciudad -yo-, una mudanza -de momento-, dos embarazos, la pena de un aborto -espontáneo- y la alegría de un nacimiento, muchas noches sin dormir, aprender a ser padres, las lágrimas por un abuelo, el comienzo de una carrera -el “husband”…

Alma

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Un día poseeré su alma, se dijo al conocerla.
Y esa aspiración movió su vida entera.
Quiso ser romántico e intentó seducirla, conquistarla, enamorarla... pero su alma -la de ella- le fue esquiva.
Probó con el arte e intentó atrapar su alma en pinturas, fotografías, esculturas... pero su alma -la de ella- se le escapaba.
Ensayó con la escritura e intentó aprisionar su alma en epístolas, sonetos, redondillas... pero su alma -la de ella- siempre lograba escabullirse.
Experimentó con artes esotéricas y probó con encantamientos, hechizos, sortilegios... pero su alma -la de ella- era muy escurridiza.
Tanteó todos los métodos que se le ocurrieron para poseer su alma-la de ella-.
Todos, menos el más sencillo, el más simple, el más obvio: acercarse a ella, conocerla, darle amor de verdad.
Sólo al final de su vida se dio cuenta de esto.
Y tan sólo al final de su vida se dio cuenta de que, durante todo ese tiempo, había sido ella quien había poseído su alma -la de él-.