martes, 3 de febrero de 2009

Birthday party


-Esto de las fiestas de cumpleaños infantiles es una tontería, una memez y un coñazo.- refunfuña el “husband”- Es un gasto de dinero absurdo y son... son... ¿he dicho ya lo de coñazo? ¿Sí? Bueno, da igual, doble coñazo...- Sigue rezongando el susodicho -Que sepas, además, que va en contra de mis principios, de mis más profundas convicciones, todo este rollo de los compromisos sociales. – Continúa desprot... despoti... desp... criticando mi medio limón. -Porque esto no es más que una forma de crearse obligaciones absurdas. Luego viene aquello de: tengo que invitarte porque tú me invitaste y tengo que llevarte un regalo aunque tú me digas que no y empiezas llevando a la niña a una fiesta y ¡zas! Cuando te quieres dar cuenta, ya te han atrapado en la rueda de compromisos sociales de esos y bla, bla, bla, bla...-. Todo esto murmuraba, mascullaba y farfullaba mi querido “husband”... mientras nos movíamos entre estanterías de juguetes en busca del regalo adecuado para una amiguita de mi enana a cuya fiesta de cumpleaños (segunda del curso...) ha sido invitada.


-Que sepas- sigue insistiendo -que estoy totalmente en contra de estas cosas, que esto va en contra de mis ideas y que si se pudiera objetar de esto, yo sería el primero en hacerlo ¿Te enteras?.-

-Ajá, sí, me entero... ¿Qué te parece esta muñeca?


El “husband”, me mira enfurruñado, se mete las manos en los bolsillos y continúa: -A mí no me metas en líos. Tú te encargas de eso. Yo ya hago bastante con acompañarte. Jummmm.... y la de veces que dije que yo no iba a entrar en esta dinámica de las fiestas de cumpleaños... jummmmm.


Efectivamente, lo dijo... lo dijo antes de ser padre. Porque, antes de ser papá, uno está repletito de principios irrenunciables y de ideas muy claras. Pero claro, antes de ser padre, uno no cuenta con que es imposible resistirse a la mirada brillante y a la ilusionada cara de tu hija de seis años (y medio, que no se me olvide no sea que la enana se enfade...) que, sonriente, sale del cole con una invitación a una fiesta de cumpleaños en la mano y miles de planes en la cabeza. Así que aquí está el “husband”, renunciando a su irrevocables principios, ayudándome -mal que le pese- a buscar un juguete para la cumpleañera y – lo que es aún peor (para él) – planteándose, inclusive, aceptar que la niña celebre su propia fiesta de cumpleaños.


-¿Verdad, “husband”?

-Jummmm.... déjame en paz... ¡Si es que me quitáis la vida! Jummmm....


El que sea padre, lo sabe y el que no lo sea... lo sabrá, aunque ahora no me crea...



My Girl - The Temptations