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Moby Dick


Tras un año surcando el océano, Moby Dick, la gran ballena blanca, sentía un enorme vacío. Hundir el “Pequod” y, con él, al viejo capitán Ahab, no había resultado ser el gran triunfo que ella había creído. Echaba de menos a su cojo enemigo. Su vida había perdido emoción y alicientes.

Echaba de menos el estado de alerta permanente. Vigilar el horizonte esperando ver aparecer las velas del ballenero. Escuchar los gritos del vigía y del capitán cuando localizaban la columna de agua provocada por su respiración. Echaba de menos el juego de la caza, la lucha por no dejarse atrapar por Ahab. El latir de su corazón, el torrente de adrenalina golpeando sus venas. Oh, sí, la vida tenía más sabor cuando el viejo marino vivía.

Tras un año surcando el océano, Moby Dick, la gran ballena blanca, había retornado al punto exacto en el que había hundido a su añorado enemigo. Y, mientras recordaba todo lo que juntos habían vivido, la ballena se iba hundiendo lentamente en el mar. Hasta que sus ojos localizaron el barco, la tumba de Ahab.

Entonces, Moby Dick, la gran ballena blanca, se limitó a quedarse allí, mirando al barco que hasta hacía un año había sido su particular Némesis. Se quedó allí recordando, añorando y sintiéndose sola, horriblemente sola.

Era vieja, muy vieja, tan vieja como el océano, al menos así se sentía ella. No tenía manada. Nadie escuchaba su canto. Nadie la perseguía. Nadie la recordaba. No era amada ni odiada por nadie. Se encontraba en la más oscura soledad.


Permaneció allí, junto al Pequod, mirándolo, soñando con el pasado, obligándose a no salir en busca de oxígeno.

Permaneció allí, por pura fuerza de voluntad, la voluntad de morir donde había muerto su único enemigo y su único compañero.





Ayer fue el cumpleaños de mi padre. Si aún siguiera con nosotros habría cumplido 85 años. Si aún permaneciera entre nosotros habría disfrutado con este vídeo porque amaba su ciudad, su isla, su historia. Así que este vídeo es para él porque, aunque no pueda verlo ni disfrutarlo, yo sé que le gustaría.





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