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Mostrando entradas de diciembre, 2008

Nochevieja

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No señor, no, esto no es ningún cotillón de esos, quite, quite, a nosotros eso no nos va. Es más, a mis amigos y a mí, esta noche no nos gusta nada de nada. Pero pase, hombre, pase, no se quede ahí que va a coger frío. Ya le digo que no es ninguna fiesta de esas para celebrar el nuevo año pero una copita de algo sí que le podemos dar.Venga, va, no se asuste que aquí no nos comemos a nadie... al menos no esta noche. Esta noche preferimos reunirnos aquí, en este sótano y dejar la noche para otros, para ustedes los humanos.Oh, vamos, no finja que no se había dado cuenta de que somos un tanto, digamos, ¿diferentes? Sí, bueno, dejémoslo en diferentes, suena mejor que otras cosas que nos suelen llamar. Pues eso, no hace falta que disimule, nosotros no lo hacemos. Somos lo que somos: monstruos si quiere, seres míticos y fantásticos nos llaman algunos; para muchos no somos más que simples cuentos para niños. O, si lo prefiere, llámenos como nosotros nos llamamos: “Diejnigen, die verstecken”*.…

Cuentos de Navidad... o algo así

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Esta primera historia me la inspiró un comentario de Peterpsych en mi anterior post (aprovecho y pido disculpas a todos aquellos a quienes no pude responder por -otra vez- falta de tiempo).


Mr. Scrooge
Una vez pasada la Navidad, Mr. Scrooge volvió a ser el de siempre. Una vez pasada la euforia inicial no le costó nada convencerse de que su encuentro con los espíritus no había sido más que una extraña -y aterradora- pesadilla. A los pocos días volvía a ser el mismo “tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso, incorregible, duro y esquinado como el pedernal” que había sido antes de su revelación navideña.Por tanto volvió a ignorar a su sobrino, volvió a tiranizar a sus empleados y se olvidó por completo del pequeño Tim. Eso sí, dejó de odiar la Navidad puesto que, durante su período de “fiebre navideña” se dio cuenta de que esa época del año podía ser un gran, gran negocio y en sacarle provecho puso todo su empeño.Evidentemente, Mr. Scrooge fue todo un visionario...
De cómo na…

¡Nati ya está aquí!

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Hace unos días, al abrir la puerta para salir de casa, me la he encontrado, esperando. Ahí, vestida de rojo y verde, con sus cabellos dorados y repleta de purpurina, espumillón, lucecitas... Oh, sí, ahí estaba, otra vez, ella, la de siempre, la de todos los años: la Navidad.Sí, señor, aquí está ella dispuesta a repartir felicidad a diestro y siniestro... o eso dice porque, sinceramente, a pesar de todo el marketing que se hace la tía, mientras ella está por aquí veo aumentar peligrosamente la nostalgia, la tristeza, el sentimiento de soledad, el aislamiento. Vamos, que la consabida felicidad navideña la veo, más que nada, en los anuncios y en los adornos callejeros.Así que cuando, me la he encontrado ahí, esperando para sorprenderme no he podido evitar una exclamación mezcla de hastío y resignación. Eso sí, mi niña se ha puesto a dar saltos como una posesa y es que, como le digo yo a la Nati:-Chica, si no fuera por los niños, no sé qué iba a ser de ti. Y es que Nati, la alegre Nati,…

Cuentos de princesas

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“Husband” con catarro. Stop. Niña también con catarro (y otitis). Stop. La casa ha sido invadida por los virus del resfriado, la tos, los mocos, décimas y décimas de fiebre, kleenex, ibuprofeno, paracetamol, antibiótico, botellas de agua y mantas. Stop. Resfriado parecía decidido a quedarse en casa. Stop. Finalmente se va marchando. Stop. Lamento haber tardado tanto en escribir. Stop. Me pondré al día en cuanto pueda. Stop.

Cenicienta

Cuando Cenicienta metió su pequeño pie en el zapato de cristal que había perdido días atrás, no dedicó ni un pensamiento al joven príncipe con el que iba a casarse, pues todo su amor iba dirigido hacia el pequeño zapato y hacia todos aquellos zapatos que, tras la boda, podría conseguir.Cuando el príncipe se encontró, nuevamente, con Cenicienta, se sintió feliz al pensar que, tras la boda, su padre lo dejaría en paz y podría vivir su amor con el guapo gentilhombre que la había traído hasta él.Y ambos fueron felices para siempre pues ambos consiguieron lo…

Venganza

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Tres golpes en la puerta me sacaron de mi embeleso. Al abrir me encontré con un desconocido envuelto en una capa que me pedía asilo. No sé qué me llevó a ser tan confiada como para abrir la puerta y franquearle el paso, quizás porque era muy atractivo, quizás por que el vino me hacía atrevida, quizás fue su mirada. El caso es que le dejé pasar y le ofrecí una copa de vino.Ahora el atractivo desconocido se encontraba sentado en mi sillón favorito, bebiendo una copa de mi vino favorito. Se llamaba Edelbert Conway, y era, sin duda, el prototipo de héroe romántico: alto, fuerte, irresistiblemente atractivo, mirada penetrante y torturada... Su lugar natural era en unos acantilados irlandeses con el viento alborotándole el cabello oscuro y pegando la camisa a su poderoso pecho; con la mirada perdida en el horizonte marino, torturado por quién sabe qué extraños pensamientos. Así era Edelbert, un hombre de los que hacen temblar las piernas a las mujeres o al menos eso cuentan las novelas romá…