viernes, 31 de octubre de 2008

El parque

Cada día, sin faltar ni uno, la anciana cruza el parque y, con el paso lento y cansado de quien carga con toda una vida a las espaldas, se aproxima al banco de siempre.


Cada día, sin faltar ni uno, se sienta a leer su libro y a contemplar, desde el sereno balcón de su mirada, la vida que bulle a su alrededor. Sonríe a los gritos jubilosos de los niños, frunce el ceño ante un padre demasiado condescendiente o una madre demasiado autoritaria. Alarga caramelos a los pequeños que se atreven a aproximarse.


Cada día, sin faltar ni uno, él la contempla y se pregunta por su vida. A veces la imagina con hijos y nietos, una mujer con mucha familia que disfruta de sus ratos de soledad voluntaria. Otras la imagina una viuda añorante y nostálgica que acude a rodearse de vida para olvidar la ausencia de aquel a quién amó y recordar la vida que se le está yendo. Él le inventa pasados y presentes pero nunca se ha atrevido a cruzar con ella más que un “buenas tardes” apenas murmurado.


Le gustaría compartir esas tardes con ella pero por timidez o por no romper la magia de lo desconocido o por simple pereza, nunca se ha animado a hacerlo.


Y así, sigue, cada día, sin faltar ni uno, acudiendo al mismo parque, sentándose en el mismo banco frente a ella y contemplándola en silencio.


Y siguió yendo incluso cuando ella dejó de acudir.


Cada día, sin faltar ni uno, esperando que ella regresara con su andar lento, su libro y su tierna mirada.










lunes, 27 de octubre de 2008

Defensa de la alegría

Para defender la alegría alzó una barricada de sonrisas y risas, de optimismos y esperanzas, de sueños e ilusiones. Levantó muros de júbilo y entusiasmo. Elevó parapetos de humor, ingenio e ironías. Hizo acopio de palabras radiantes y miradas resplandecientes. Llenó la despensa de pensamientos felices.


Se atrincheró con sus libros favoritos, con sus mejores recuerdos, con sus invenciones más felices.


Allá afuera los pesimistas y los agoreros, los profetas de la desesperanza, los eternos apesadumbrados, los profesionales de la amargura, lanzaban sobre su alcazaba lágrimas, desdichas, calamidades presentes, pasadas y futuras. Intentaban aterrorizarla con el dolor de sus penas más profundas.


Pero ella se mantuvo firme ante los ataques.



Sonrió ante sus premoniciones.


Desdeñó sus visiones.


Luchó contra el llanto y el pesar.


Defendió su alegría hasta que ellos, los resentidos y los amargados, los quejumbrosos y los plañideros, se cansaron de acosarla y la dieron por una imposible e irrecuperable loca feliz…





El por qué de un meteorito


Para todos aquellos que querían saber el por qué del meteorito en el dibujo de mi enana, la respuesta es… ejem… un momento que organizo la información… a ver, que según la niña, todos los años viene un meteorito a darle un beso a la tierra y acaba destruyéndola pero, como según continúa diciendo la niña, hay un montón de tierras, en fila, pues no pasa nada porque, inmediatamente, otra tierra – exactamente igual a la destruida – ocupa su lugar y todo sigue igual… hasta el próximo año en que el meteorito vuelve a darle un beso.


Y es que hay amores que matan :D


Ah, y no, no tengo ni la menor idea de dónde ha sacado esa historia. Supongo que de el mismo lugar que la siguiente frase dicha hoy mismo: “Te das tanta prisa que hasta la misma prisa se asusta de tu prisa...”. Yo aún estoy perpleja :D