Cuentos de princesas

“Husband” con catarro. Stop. Niña también con catarro (y otitis). Stop. La casa ha sido invadida por los virus del resfriado, la tos, los mocos, décimas y décimas de fiebre, kleenex, ibuprofeno, paracetamol, antibiótico, botellas de agua y mantas. Stop. Resfriado parecía decidido a quedarse en casa. Stop. Finalmente se va marchando. Stop. Lamento haber tardado tanto en escribir. Stop. Me pondré al día en cuanto pueda. Stop.

Cenicienta

Cuando Cenicienta metió su pequeño pie en el zapato de cristal que había perdido días atrás, no dedicó ni un pensamiento al joven príncipe con el que iba a casarse, pues todo su amor iba dirigido hacia el pequeño zapato y hacia todos aquellos zapatos que, tras la boda, podría conseguir.

Cuando el príncipe se encontró, nuevamente, con Cenicienta, se sintió feliz al pensar que, tras la boda, su padre lo dejaría en paz y podría vivir su amor con el guapo gentilhombre que la había traído hasta él.

Y ambos fueron felices para siempre pues ambos consiguieron lo que en realidad deseaban.



La Bella Durmiente

Los pasos del príncipe sonaban cada vez más cercanos. La Bella Durmiente cerró los ojos con fuerza. No quería marcharse de su torre. Estaba bien allí.

El príncipe estaba cada vez más próximo. El corazón de la Bella Durmiente latía con fuerza y se obligó a mantener los ojos cerrados.

-Si finjo que sigo dormida -pensó- no osará besarme y podré permanecer aquí otros cien años más.

Cuando el príncipe estuvo junto a la Bella Durmiente dudó si besarla o no. Besar a una doncella dormida no le parecía muy caballeroso pero, por otro lado, era la primera oportunidad que tenía de disfrutar de unos hermosos labios. Queda claro que, finalmente, vencieron sus impulsos primarios y besó a la princesa dormida.

Ella sólo quería seguir en su torre. Él sólo quería disfrutar de su primer beso. Ambos se vieron envueltos en una historia que no deseaban.

Dice el cuento que vivieron felices para siempre.

Tendremos que creerlo.


Blancanieves

Tras una vida de huérfana a la que su padre no prestaba atención y odiada por su madrastra, Blancanieves había acabado viviendo con unos enanos que la hacían trabajar día y noche en el cuidado de la casa. Así que, aunque sabía quien era la vieja que le ofrecía la hermosa manzana e imaginaba lo que suponía morderla, Blancanieves no dudó ni un segundo.

-Así acabarán todos mis males- pensó.

Cuando llegó el príncipe y convenció a los enanos para que le regalaran el féretro que ocupaba la joven, este no pensaba en casarse con ella sino en conservarla tal cual estaba pues era un príncipe caprichoso y le había parecido un hermoso juguete.

El tropezón accidental y la regurgitación de la manzana no estaba en los planes de nadie.

El padre del príncipe pensó que no era correcto comprar a una doncella y luego abandonarla. Así que obligó al príncipe a casarse con ella.

El príncipe pensó que eso de casarse sería divertido.

Blancanieves pensó que esa era su oportunidad para vengarse de su malvada madrastra.

Sé que comieron perdices.... a saber si fueron felices.


Entradas populares de este blog

Negra Navidad

Entre dos nadas