Sentidos I

Oído

Hablaba a chorros, a mares, a riadas, a chaparrones. Hablaba sin detenerse a tomar aire ni, mucho menos, a esperar respuesta de su interlocutor. Hablaba, hablaba, hablaba y no le importaba si la escuchaban o no. En verdad, le daba lo mismo tener interlocutor o no tenerlo, la cuestión era hablar, hablar y hablar. Llena el silencio con su voz, arrinconarlo a base de palabras. El noventa y nueve por cien de lo que decía no tenía sentido alguno, y el uno por ciento restante lo tenía de pura casualidad. Daba igual. Sólo se trataba de parloteo hueco.


Poca gente aguantaba mucho rato esa boca incontinente, esa lengua incansable, ese torrente inagotable de morfemas, lexemas y sintagmas varios. Tanto sonido ininterrumpido podía resultar perjudicial para la salud mental y auditiva.


Cuentan las historias que, una vez, hace años, alguien logró silenciarla. Que hubo un valiente que consiguió mantener ese conducto interminable de fonemas en silencio durante, al menos, un minuto. Y cuentan las mismas historias que, fue tal el terror que ella sintió ante el silencio que ocupó el lugar de su cháchara que se vio impelida a romperlo con un grito tan agudo que atravesó el tímpano del valeroso silenciador, dejándolo completamente sordo.



Desde entonces no ha vuelto a callar y nadie se ha atrevido a intentar silenciarla, así que ahí sigue, hablando, hablando, hablando, hablando, hablando……………





Vista


Amaba los colores. Amaba sentir el pincel entre sus dedos y cómo se deslizaba sobre la tela. Amaba la luz y luchaba duramente para plasmarla tal y cómo la veía en el lienzo. Amaba mostrar lo que veía, como lo veía y como lo sentía.


Amaba pintar y pintaba sin cesar.


Manejaba con amor los naranjas, ocres, rojos, verdes pálidos y marrones del otoño.


Trataba con mimo los amarillos, azules, verdes profundos y la brillante luz del verano.


Acariciaba dulcemente los blancos y fríos grises del invierno.


Y disfrutaba de los rosas, rojos, púrpuras, verdes brillantes, malvas, rosas… en fin, toda la vibrante paleta de la primavera.


Cuando pintaba figuras humanas parecía acariciar los cuerpos. Cuando se trataba de alimentos casi se podían saborear los colores.


En fin, pintara lo que pintara, transmitía todo su amor al color y a la belleza.


Y, de repente, un día, le comunican que está perdiendo la vista.


Lentamente fue dejando de ver todo lo que amaba pero él siguió pintando.


Sólo veía borrones, manchas en movimiento, colores difuminados pero él aprendió a reconocer los colores por su textura y continuó con su pintura.


Sólo veía bruma colorida pero él aprendió a dar forma a las figuras a través de las texturas y continuó pintando.


Y cuando llegó la oscuridad… cuando llegó, por fin, la oscuridad, él siguió pintando lo que aún podía ver en su mente.


Y cuentan que nadie, nunca, ha creado pinturas más bellas.




P.S.: En primer lugar, pedir disculpas por no responder a los comentarios y por no visitar vuestros blogs pero es que el "husband" está de vacaciones y casi no paramos en casa con lo cual no dispongo de tiempo para casi nada (incluido escribir algo que pueda postear luego). Prometo ponerme al día en cuanto pueda.


En segundo lugar, comunicar que alguien más se ha atrevido a seguir una de mis historias y me sigo pasmando - y sigo estando encantada - de lo que esos pequeños inicios están inspirando a otros. El blog en cuestión es cuatroymedio escrito por Dersu y la historia la ha titulado Aquella sonrisa blanca. No os lo perdáis ;) 

      

Y en tercer lugar dar las gracias a Ivánivienen por leerme y decirle que no tengo la menor idea de lo que ocurre con los blogs de ya pero llevan días y días (décadas plutonianas como dice la Gotié) que no permite la entrada a ningún blog (que yo sepa).


Ah, y a la Gotié que ya le mandaré un mail pa cantarle las cuarenta y una :P




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