Credo

No creo en dioses con minúscula ni tampoco con mayúsculas.

No creo en las religiones ni en sus dogmas.


No creo en parapsicologías, ufologías ni esoterismos, ocultismos, espiritismos y otros ismos por el estilo.


No creo en valores, creencias y costumbres tradicionales e inamovibles.


No creo en salvadores de ningún tipo.


No, no creo en nada de eso.


Pero tengo fe.


Tengo fe y creo.


Tengo fe en mí.


Tengo fe en mi marido y en mi hija.


Tengo fe en las personas que quiero.



Creo que el futuro será mucho mejor de lo que algunos creen y que el pasado no es tan bueno como algunos piensan.


Creo que hadas, elfos, silfos, duendes, gnomos, dríadas, ogros, unicornios, sirenas, dragones y demás seres fantásticos y mitológicos viven en el único lugar del mundo en que todo es absolutamente posible: nuestra mente.


Creo en el amor y en su poder.


Creo que, si quieres, puedes.


Creo que no hay más límites que los que tú te impongas.


Creo más en la inteligencia escéptica que en la fe ciega.


Creo en los optimistas, en los soñadores, en los creadores de esperanza.


Creo en los niños y en los que mantienen vivo al niño que fueron.


Creo en la libertad… pero no en que la impongan.


Creo en la verdad… pero sin pasarse.



Creo que si no tienes nada bueno que decir, mejor te callas.


Creo que el tiempo todo lo cura y que de todo se aprende.


Creo que soy quien soy por todo lo que he vivido, haya sido bueno o malo.


Creo en el poder de la sonrisa.


Creo que se consigue mucho más siendo amable que siendo grosero.


Creo en la imaginación y en lo que es capaz de crear.


Creo en la diferencia y no quiero ser igual a nadie.


Creo en compartir risas, lágrimas, soledades y compañías y creo en ofrecerlas gratis.


Creo que la amistad va más allá de la distancia y el tiempo, y que un amigo verdadero seguirá siendo amigo aunque pases veinte años sin verlo.


Creo, como alguien dice por ahí, que la felicidad se escribe en gerundio.



Creo que la vida - aunque parezca una perogrullada - es para vivirla.


Estas – y otras – cosas creo.


No son grandes creencias.


No esconde una profunda filosofía.


No hago proselitismo.


No considero que mis creencias sean superiores a otras.


Simplemente, creo...





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