martes, 17 de junio de 2008

Dioses


La Recepción de la Morada de Dios (sita junto a la ya conocida O.C.P.A.*) es amplia, infinitamente amplia, y minimalista, infinitamente minimalista. Tan minimalista que lo único que uno ve al atravesar la enorme puerta (blanca) es lo que - imagina - un enorme mostrador allá al fondo y digo que lo imagina porque, claro, la estancia es tan grande que ver lo que hay en la pared opuesta es más que complicado. A medida que uno avanza por la habitación y, por tanto, se aproxima al lugar donde (suponemos) está la recepcionista comprobamos que en este lugar los decoradores son desconocidos; no porque la decoración sea de mal gusto, no, sino porque no existe en absoluto. Todo es blanco (eso sí, en todos esos diferentes tonos de blanco que sólo los inuit saben diferenciar).

Cuando, finalmente, el visitante logra llegar hasta la blanca mesa, decorada con blancas flores, con un blanco teléfono, un blanco ordenador y una recepcionista con un precioso vestido blanco, casi llora de agradecimiento al descubrir que la señorita que se encuentra tras el escritorio es hermosamente negra dando así un descanso a sus acongojados ojos.


Una vez pasado el emotivo instante, el visitante se recupera y pide a la señorita recepcionista una cita con Dios que, a fin de cuentas, es para lo que ha venido desde tan lejos.


- ¿Versión humana o animal? – pregunta la chica.


El visitante se queda un tanto perplejo pero responde sin dudar:


- Humana, por supuesto.


- Ajá… versión antropomórfica. ¿Deidad masculina o femenina?


- ¿Femenina cómo que femen…? Es igual, masculino, por supuesto.


- Vaya, un machista ¿eh? En fin, usted se lo pierde. Hummm… veamos ¿Dios menor, Dios protector de algo en concreto o nos pasamos directamente a los jefazos?


El visitante, confuso y nervioso, se rasca la cabeza, se acaricia el mentón y, finalmente responde:


- Bueno, yo diría que cuanto más importante mejor. Ya puestos…


Y le dedica una nerviosa sonrisa a la recepcionista que, sin prestar atención a sus encantos, continúa con el interrogatorio:


- De acuerdo. ¿Politeísmo, Monoteísmo o Deísmo?


El postulante parece indeciso: mueve los pies, se rasca la calva, se acaricia el mentón, carraspea y, finalmente, pregunta:


- Esto… no acabo de comprender.


- Pues es bien sencillo. ¿Quiere hablar con Zeus, Brahma, Quetzalcoatl, Odín y similares o, en cambio, pretende usted hablar con Yahvé, Alá o Jehová? O, quizás, prefiere usted el vago ese de los deístas, ya sabe, el que después de crear se echó a la bartola (le advierto que este es difícil de localizar, siempre anda rondando por las playas paradisíacas).


El pobre hombre se sentía cada vez más confuso.


- Bueno, pues yo esto… Monoteísmo, por favor.


- Muy bien, casi acabamos. Ahora dígame de qué religión monoteísta en concreto: Judaísmo, Islamismo o Cristianismo.


- Cristianismo, por supuesto.


- Muchos por supuestos tiene usted.


- Vaya ¿usted cree?


- Sí, yo creo.


- Ejem… Y, dígame, ya habremos acabado ¿no? Me va a dar la cita con Dios.


- Pues no, no hemos acabado aún. Ahora tiene que decirme con qué versión de Dios cristiano quiere usted hablar.


- ¿Có… cómo? ¿Qué quiere decir?


- Pues, eso, que con cuál quiere usted hablar exactamente: el católico, el anglicano, el protestante, el evangélico, el de los Testigos de Jehová, el de los mormones, el de los baptistas, el ortodoxo, coptos, anabaptistas, calvi…


El solicitante miraba fijamente los rojos labios de la negra recepcionista, aferrándose a esas notas de color en medio de la inmensidad blanca en busca de algo que le ayudara a no perder el poco control mental que aún le quedara.


- Pare, pare, pare. Por favor. A ver, yo creía que todos los cristianos creíamos en el mismo Dios.


- Bueno… digamos que son parecidos pero el mismo, el mismo, no diría yo tanto. Siempre hay ligeras (a veces ligerísimas) diferencias. Si fueran el mismo no habría tantas religiones ¿no cree?


- Ya, algo de razón tiene usted. En fin, lo plantearé de otra manera. ¿Qué tal si me da cita con el Dios Verdadero? El más importante, “the one” que dirían los sajones…


- ¡Ja!


- ¿Ja?


- Sí. ¡Ja! Verá para eso primero tendrían que ponerse de acuerdo entre ellos.


- Y supongo que es bastante difícil ¿no?


- Eso es ser optimista. Yo más bien diría que es imposible. Ahora, si usted quiere probar dentro de otros dos o tres mil años quizás, tal vez, puede ser….


- No tengo tanto tiempo… Hay que ver, toda la vida creyendo en un solo Dios y ahora resulta que hay decenas y decenas de ellos. Mire, ¿sabe qué? Que mejor me hago Ateo y me dejó de líos.

- Pues, mire, sinceramente, mejor le irá porque si viera usted cómo están todos éstos…


Y la recepcionista acompañó sus palabras con el internacional gesto de llevarse un dedo a la sien.


El hombre asintió decaído.


- En fin, será mejor que me vuelva a casa, mi señora me está esperando para cenar y se pone hecha un basilisco cuando llego tarde. Ha sido usted muy amable, señorita. Muchas gracias y que tenga una buena eternidad.


- De nada, para eso estamos. Buen regreso y, por favor, no olvide cerrar la puerta que luego entra corriente o se nos cuela algún dios nuevo y, para serle sincera, ya casi no tenemos espacio.



----------------------------------------------

* O.C.P.A.: Oficina Central de Personificaciones Antropomórficas.