domingo, 8 de junio de 2008

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Cuando Ella llega trae consigo el recuerdo y el silencio….


Recuerdo tardes de siesta en que sólo aceptaba como almohada su brazo.


Recuerdo el olor a Varón Dandy, a Floid y a la brillantina que usaba, mañanas de domingo dedicadas a escuchar zarzuela en un viejo pick up, paseos por el Parque Doramas, o por el Parque San Telmo y sacarnos fotos, muchas fotos.


Recuerdo las batallitas de cuando fue monaguillo en la Catedral y robaba el vino consagrado o lo castigaban a darle al fuelle del órgano (cosa que hacía con los pies en lugar de con las manos) o cuando nos recitaba unos versos enrevesados que aprendió en aquella época y que yo nunca conseguí memorizar.


Recuerdo mi sorpresa el día que me enteré de que había sido buzo en el puerto.


Recuerdo la famosa historia de un abrigo regalado a una gitana en un día invernal, allá en Segovia en uno de sus viajes como presidente de un club deportivo.


Recuerdo su tozudez, su perfeccionismo y su exigencia.


Recuerdo que no se rindió cuando se quedó en el paro con casi cincuenta años y no paró hasta encontrar trabajo de nuevo.


Y que tampoco se rindió cuando perdió la vista ni se le cayeron los anillos por ir a trabajar vendiendo cupones de la O.N.C.E.


Recuerdo que nunca le vi llorar… hasta el día en que me despedí de él, en el hospital hace algo más de un mes.


Recuerdo y recordaré cómo ha luchado durante tres meses, superando crisis tras crisis, hasta que su cuerpo ya no resistió más y tuvo que rendirse a la evidencia de su partida.


Hoy, tras su marcha, mi madre ha recibido su última rosa y su último te quiero, encargados a una de mis hermanas antes de su última operación.


Ahora sus cenizas descansarán al pie del Roque Nublo, como él deseaba.


Recuerdo, recordaré, recordaremos a mi padre, a Carmelito, como le llamaban algunos (cosa de los motes juveniles), a Cho Manué el de Fefa, como a él le gustaba que le llamaran.


Ahora que Ella ha llegado, llegó el momento de nuestro recuerdo y de su silencio.


Ahora llegó el momento de decir lo que nadie nunca querría decir.


Adiós, papá.



P.S.: Lamento el tono del post, no quiero poner triste a nadie. En unos días prometo poner post nuevo y pasarme por todos vuestros blogs.