Time machine


“Si Ud. retrocediera en el tiempo para matar a su padre, llegaría después de él que hubiera salido de su habitación, o no lo podría localizar, o cambiaría de idea”, dijo el profesor Greenberger. “Sería imposible matarlo porque el mero hecho de que esté vivo hoy en día conspirará contra Ud., de modo que nunca podrá tomar por el sendero que lleve a su crimen”.


Muchos han sido los que, a lo largo de los años, han fantaseado con la idea de encontrar la forma de trasladarse a épocas pasadas o futuras, pero sólo un hombre ha logrado hacer realidad la máquina del tiempo: el doctor en Física, y distinguido habitante del universo friki, Amadeo Briones.


Se preguntarán ustedes, y con razón, por qué, habiendo logrado tal proeza, el doctor Briones no es famoso, millonario y flamante ganador del Premio Nobel de Física.


La respuesta es bien sencilla: porque la máquina del tiempo que había inventado sólo le trasladaba hasta el jueves 25 de Mayo del año 2006, ni un día más atrás ni uno más adelante. Por más vueltas que le dio (y le dio vueltas durante un lustro…) no logró encontrar ningún fallo en su diseño, ni el más ligero error de cálculo, ni un circuito puesto del revés, ni un chip defectuoso, ni un cable mal ajustado, nada de nada. La máquina funcionaba a la perfección y no había ningún motivo lógico por el cual no pudiera viajar a otras fechas tanto pasadas como futuras. Sencillamente, no lo hacía.


El doctor Briones (Amadeo para los amigos, “Doctor No” para sus alumnos, currunchuncito para su amantísima esposa, “pequeñín” para su mamá…) no sabía muy bien qué hacer con una máquina del tiempo que, al parecer, no servía para nada. Oh, bueno, sí, quizás dentro de cien o doscientos años pudiera servir para la investigación histórica, aunque dudaba mucho de que hubiera historiadores interesados en los “usos y costumbres del jueves 25 de mayo del año 2006”. Vale, tal vez hubiera algún historiador loco dispuesto a pasarse años de su vida en el siglo veintiuno para lograr datos de primera mano de los años posteriores al 2006 (ya se sabe que hay gente para todo y científicos para mucho más…). O puede que algún romántico del futuro quisiera viajar a ver cómo se vivía a principios del XXI pero, siendo realista, a Amadeo le parecía que su invento tenía poca utilidad tirando a ninguna.



Pensó en destruirla pero le daba pena tirar a la basura el trabajo de su vida. Así que la tuvo arrinconada, pensando en qué hacer con ella, hasta el día en que le encontró, por fin, utilidad: hacerse rico comunicándose a sí mismo la combinación ganadora de la Lotería Primitiva de la última semana (con un bote acumulado de 30 millones de euros). Sin pensar en paradojas ni en gaitas por el estilo, Amadeo cogió su máquina y se largó al ya mencionado día del año 2006 para comunicarle a su Yo de ese año la buena nueva de que esos numeritos iban a hacerle millonario.


Uno pensaría que encontrarse a sí mismo en una fecha pasada debería ser muy sencillo, sobre todo alguien como el doctor Briones, persona de rutina momificada, pero… quia… no hubo modo. Siempre ocurría algo que se lo impedía: tropezó con todo aquel que se cruzó en su camino, resbaló sobre todas las pieles de plátano y excrementos habidas y por haber, estuvieron a punto de atropellarle dos o tres veces (cuatro si contamos el cochecito de niño que arremetió contra él al doblar una esquina), llegaba a un sitio cuando su otro Yo acababa de marcharse; en fin, que no hubo manera de coincidir consigo mismo. De modo que, cansado de perseguirse, decidió enviarse un e-mail contándoselo todo, combinación ganadora incluida, por supuesto.



Luego, ya de vuelta en casa recordó un par de detalles sin importancia: una, que aquel día en particular había denunciado a la policía que un extraño personaje había estado siguiéndole durante horas y dos, que había recibido un mail que consideró un phishing bastante original y que había ido a parar a la papelera sin darle más importancia.


Realizó algún intento más de hacerse rico comunicándose algo en el pasado, pero sin éxito. También intentó quitarse de en medio a algún colega trepa, arreglar algún error cometido durante aquellos años… Pero lo único que logró Amadeo (aparte de varias contusiones, denuncias y dolores de cabeza) fue descubrir que, hiciera lo que hiciera, el pasado era inmutable y que su máquina del tiempo, definitivamente, no servía para absolutamente nada.


Finalmente, tomó la decisión lógica e hizo lo que se suele hacer con las cosas inútiles que, sin embargo, da lástima tirar: llevó la máquina del tiempo al trastero y allí la dejó junto a otros acumuladores de polvo como el aparato teletransportador que sólo teletransportaba hasta la Luna (el bar de la esquina, no el satélite); el lector telepático que sólo leía mentes británicas; el robot con I.A. (Inteligencia Artificial) tirando a tonto, varios vinilos de Mocedades, un radiocasete del año del catapún, tres monitores desportillados, una cuna, unos cuantos libros de texto y algunas cuantas cosas más que sería largo de enumerar.


Y allí sigue la única máquina del tiempo jamás inventada, llenándose de polvo, mientras el gran doctor en física y extravagante inventor Amadeo Briones, en lugar de recibir el Premio Nobel que, en puridad, merecería, vive la existencia gris del profesor universitario junto a su querida esposa, su amantísima madre e Ithorm, el extraterrestre (y gran amigo) que Amadeo conoció durante el viaje de prueba de su nave espacial con combustible ecológico.


Pero esa historia, como diría el gran Ende, deberá ser contada en otra ocasión.





P.S.: Y toca hoy nuevo agradecimiento ante el premio recibido desde B.E. (Búsqueda Enredada) : "Premio a las Bellas Artes" que me ha concedido Anna. Muchísimas gracias de nuevo.


-






Entradas populares de este blog

Negra Navidad

Entre dos nadas