A veces los médicos se equivocan…

… Y no te enfadas ni un poquito porque la consecuencia de su equivocación, en lugar de un desastre, es un alivio.


Tras dos graves crisis que llevaron a los médicos del hospital a dar por perdida la vida de mi padre, resulta que éste les da la gran sorpresa y, en unos pocos días, ha pasado de estar al borde de la muerte por culpa de una pulmonía a estar prácticamente curado de esta enfermedad.


Cuando llegué el martes le habían quitado la medicación y sólo tenía calmantes y morfina para poder respirar bien. En dos días volvían a darle medicinas, en tres ya estaba de nuevo trabajando (y bromeado) con la fisioterapeuta y en cuatro volvían a darle sus café con leche y sus calditos…


No lanzaré las campanas al vuelo. Aún tiene que pasar una grave operación (que es el motivo por el que está ingresado) pero, de momento, creo que Chó Manué (mi padre) ha mirado a la señora esa y, en el más puro estilo canario, como a él le gusta, le ha dicho: “Mie usté, crestiana, déjeme el alma tranquila y vuelva más tarde porque yo, de momento, no me pienso dir pa’ las plataneras, ¿usté me oyó?”


Dice mi madre que yo he ido para que se cure. No lo creo pero, al menos, he vuelto con más alegría de la que llevaba al ir para allá. En fin, que nos hemos llevado un buen susto, que aún no acabamos de quitarnos de encima. Pero, de momento, mi padre sigue dando guerra, aunque no sabemos por cuánto tiempo….


Gracias a todos por los ánimos y por estar ahí. Ya sabemos todos que las palabras, a veces, no bastan pero, cuando no tenemos otra cosa cada una de ellas equivale a un abrazo.


Prometo que en cuanto recupere un poco de inspiración escribiré algo.





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