martes, 4 de marzo de 2008

Cosas mías


La primera vez que escribí fue, como todos, porque me estaban enseñando a hacerlo y me imagino que mis primeras palabras escritas serían algo como “mi mamá me mima” o cosa parecida.


Por esa misma época aprendí a leer. Recuerdo que resulté tan buena lectora que en el colegio me eligieron (junto a otras niñas) para participar en un concurso de obras de teatro leídas. Lo malo fue que, a pesar mi capacidad lectora, yo era tan tremendamente distraída que, cuando me llegaba el turno, nueve de cada diez veces me encontraba en otro mundo. De modo que me dejaron como simple suplente.


Luego, claro, escribí dictados, redacciones, exámenes, apuntes…


Pero no recuerdo escribir nada de manera espontánea. Me podía pasar horas dibujando (casas, paisajes con montañas, árboles, payasos y, sobre todo, princesas, muchas princesas). También resultaba muy fácil encontrarme con un libro entre las manos, o con un cómic o con una revista o con cualquier papel que tuviera algo escrito. Pero escribir, sólo escribía lo que se me exigía para el cole.


Allá por séptimo u octavo, participé en un concurso de redacciones escolares. No sé sobre qué escribí. No pasé la primera selección.


Durante años mi escritura siguió limitándose a lo exigido por los estudios.


Por supuesto, seguía leyendo mucho, muchísimo. Desde Galdós a Asimov. Desde Delibes a Stephen King. Desde García Márquez a Philip K. Dick. He leído a Quevedo y a Pratchett. A Cortázar y a Vargas Llosa. He paseado por Castilla con Don Quijote y por el espacio con La guía del autoestopista galáctico. El realismo, el surrealismo, el renacimiento, el naturalismo, la ciencia ficción, la fantasía, el terror y la chic-lit. He leído libros de todos los géneros y de todas las épocas, guiada sólo por mi propio gusto.

Y cuanto más leía, más convencida me sentía de que eso de escribir era algo fuera de mi capacidad. Supongo que por eso nunca me lancé a intentarlo.


Luego tuve una época en que me dediqué a las amistades epistolares. Era la primera vez que escribía cosas que no fueran académicas. Y descubrí que me encantaba escribir, que disfrutaba uniendo palabras y formando frases. Luchaba por hacerme entender, por hacer llegar mis sentimientos y emociones a otros. Y disfrutaba con ello. Pero nunca escribí nada que fuera ficción.


Ni se me habría ocurrido.


Pensaba que no tenía imaginación ni creatividad para inventar una historia.


Luego, alguien que conocí en el IRC me propuso escribir un par de relatos eróticos para su revista y por los que no me pagaron ni un duro.


Seguí sin creerme capaz de escribir.


Cuando conocí al que hoy es mi marido, nos enviábamos e-mails casi a diario y nos dio por intercalar en esos correos una historia inventada entre los dos, una historia absolutamente loca y fantástica. Cada uno escribía su parte y el otro se adaptaba a lo que el primero había inventado. Fue una experiencia muy divertida. Nos lo pasamos en grande inventando personajes estrambóticos y situaciones surrealistas.


Pero seguí pensando que yo no podía inventar historias.


Hace un año y medio mi marido abrió un blog y me animó a hacer lo mismo. Le costó convencerme. Yo no estaba muy segura de tener algo que contar. No tenía una vida apasionante. No tenía especiales conocimientos sobre nada. No me consideraba buena escribiendo. ¿Qué iba a hacer yo con un blog? Pero, al final, es evidente, el “husband” logró convencerme y aquí estoy.


Y, al final, me han convencido de que tengo imaginación. Y me han convencido de que sí que puedo inventar historias. Incluso hay gente que pierde su tiempo leyéndome. Y es esa gente que gasta un ratillo pasando por aquí y leyéndome quienes me han convencido de ello y quienes me han descubierto algo que yo desconocía de mi misma.


Me gusta escribir y escribo porque leo. Y porque me gusta. Y porque me divierto. Y porque unas personas (antes) desconocidas me dijeron que les divertía lo que yo escribía.


No me llamaría a mí misma escritora. Como mucho narradora o cuentacuentos o, tal vez, escribidora.


No hago (ni pretendo hacer) gran literatura. Me limito a unir palabras y a contar unas historias locas o cosas que me pasan o que pienso.


No busco enseñar. Ni pretendo filosofar sobre los grandes temas de la humanidad. No intento hurgar en mi interior en busca de mi yo. No tengo mensajes profundos y la mayoría de las veces me asombro ante las moralejas que en mis historias encuentran quienes por aquí pasan.


Sólo busco divertirme.


Sólo pretendo divertir y compartir estas locuras mías con quien tenga ganas de prestarme atención.


Gracias a todos y cada uno de los que pasan y leen estas cosas mías. Gracias por descubrirme que, uniendo unas palabras, inventando unas historias, me lo puedo pasar en grande y, lo que es casi mejor, puedo hacer que otros también se lo pasen en grande.


Sin ustedes* nunca habría descubierto esto.


Así que muchísimas gracias por estar ahí. Gracias por leerme. Gracias por comentarme. Gracias por ofrecerme su cariño.


Sinceramente, a estas alturas ya les considero casi como amigos de toda la vida*.




* No, no trato a nadie de usted, en mi tierra (Canarias para quien no lo sepa todavía) no usamos Vosotros como segunda persona del plural, usamos Ustedes. Y ya me estaba cansando de hacer el esfuerzo de usarlo al escribir :D

* No tenía ni idea qué iba a contar en este post hasta que lo he escrito. Pido disculpas si me ha quedado un poco "raro" ;)